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El Banco Mundial (BM) destacó en un informe que será presentado este viernes a Uruguay como el país con la clase media más amplia de la región, superando los niveles de la década los ‘90. Sin embargo, hay un porcentaje importante de la población (14%) que aún es “vulnerable” y puede retornar a la pobreza si el país enfrentara un escenario económico negativo. En diálogo con El Observador dos expertos del BM que participaron en la elaboración del informe “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, plantearon la necesidad de aplicar políticas de inclusión productiva y formalización para que estas personas reduzcan su grado de vulnerabilidad a la pobreza y puedan asentarse como clase media.

Para el economista Luis López-Calva del BM, en el caso de Uruguay una de las consideraciones más relevantes es que al final del período del estudio (2010) contaba con la clase media más desarrollada de América Latina, superando los niveles que alcanzó el país en la década de 1990. Asimismo, si bien un poco más del 80% del crecimiento de la clase media en la última década obedeció a la expansión económica, el restante porcentaje se dio como consecuencia de mejoras en políticas de redistribución.

No obstante, pese a los avances que ha registrado el país en materia de equidad en la última década aún tiene focos de atención para el diseño y la implementación de políticas sociales. En ese sentido, López-Calva señaló que 14% de la población de Uruguay que hoy integra la clase media (una de cada siete personas aproximadamente) aún es “vulnerable” de retornar a la pobreza, en caso que el país enfrente un escenario económico adverso. Si bien el Banco Mundial no realiza recomendaciones puntuales de políticas para cada país, la economista Ana María Lugo comentó que para evitar que las personas que hoy ascendieron a la clase media retomen a la pobreza, es “importante impulsar la inclusión productiva de estas personas” más vulnerables. Según la experta, el concepto de “inclusión productiva” refiere a una “graduación” de la “dependencia” de los programas sociales para dejar lugar una mayor inversión en capital humano, que permite a esta franja de “vulnerables” un empleo de mayor calidad y formalidad.

Precisamente, para para López-Calva una de las opciones que deberían analizar los gobiernos de la región para elevar los estándares de formalidad, es “desvincular” la protección social del empleo. Es decir, que si un trabajador opera en la informalidad no pierda los beneficios que otorgan los regímenes de protección social.

Por otro lado, Lugo recordó que en todas las mejoras en políticas sociales que tuvo la región en la última década prevaleció un “manejo macroeconómico favorable”, y que el mismo debería continuar para asegurar la “sustentabilidad” de estos planes en un futuro.

Gran parte de las mejoras que observamos en la región desde 2002, tiene que ver con una manejo macroeconómico “favorable”. Es importante no perder de vista que las macroeconomía tiene que seguir de una forma sustentable. Es importante pensar a futuro el mantenimiento de una política social eficaz.

Políticas focalizadas
El Banco Mundial ve con buenos ojos la herramienta de aplicar políticas sociales focalizadas para atacar el núcleo más duro de la pobreza, en sintonía con una proyecto que maneja el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) de aplicar planes puntuales para siete zonas críticas de Montevideo. En ese sentido, López-Calva dijo que hoy hay ejemplos de políticas en ese sentido en países como Colombia y Brasil.

“En un término general, la idea de tener políticas focalizadas para tener incidencia directa en los más pobres es algo que ha funcionado en Latinoamérica en los últimos años”, destacó.
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