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Justo cuando nos sentíamos más livianos por dejar de lado algunos anglicismos un poco sobreutilizados como entrepreneur, surgen otros que compiten por ganar cada vez más lugar en nuestras conversaciones. Si armamos una lista rápida, quizás la comencemos por founder, starter o coworker. Hoy les propongo detenernos en uno de ellos, coworker, porque refleja un fenómeno global en expansión, vinculado con una nueva cultura de trabajo y al cual Uruguay no está siendo para nada indiferente.

Semanas atrás abrió sus puertas Sinergia y próximamente se inaugurará la primera sede de Co-Work Montevideo, la cual integra una red regional con base en Chile. Como antecedente remoto y valorando la visión de Evan “Rabble” Henshaw-Plath, me arriesgaría a reconocer como primer coworking la iniciativa que por 2008 puso en práctica en su empresa Cubox, bautizada como CoworkingMVD.

Sin llegar a ser propiamente coworkings, en la capital surgieron distintas experiencias como Freengers en Ciudad Vieja, una corporativa y de puertas abiertas como IC Cluster en Infocorp, Plaza Business Center en plaza Gomensoro y la internacional Regus en el World Trade Center -a quien agradezco, a través de Valeria Torressi y Marcelo Ciapessoni, la invitación a recorrer las instalaciones y buscar armar juntos nuevos proyectos-.

Pero, ¿qué diferencia un coworking de una solución inmobiliaria flexible o un business center?, ¿Estamos simplemente ante un nuevo negocio inmobiliario?, ¿Se comportarán como los ciber cafés y las canchas de paddle de los 90?, ¿necesidad, tendencia, moda?

Es un negocio
Algunas de las experiencias internacionales que me resultan interesantes examinar son Coop en Chicago -ahora Nextspace-, Impact Hub y La Cantine -Numa-, que por 2008 fue uno de los primeros coworking en Paris. Con el paso del tiempo, varios de estos espacios han mutado hacia ofertas híbridas con pre-incubadoras, incubadoras y aceleradora de empresas. El riesgo de este paso es perder el perfil tan promocionado de comarca hobbit y sesgarse con los intereses de los patrocinadores de turno. Sin dudas, por el público que congregan son unidades de negocios muy atractivas para desarrollar y, aparentemente, está contemplado en la mayoría de los modelos de negocios de los coworkings que conozco.

Pero también es más que un negocio
Volviendo a las raíces, estas iniciativas ofrecen soluciones inmobiliarias flexibles con servicios básicos integrados, tanto sea para un equipo como para el usuario típico individual. El público objetivo es amplio, destacándose freelancers, emprendedores en etapas tempranas, micro y pequeñas empresas, profesionales independientes y gente de paso que buscan un lugar de trabajo cómodo y transitorio. La clave está en ofrecer y generar el suficiente involucramiento entre los usuarios para configurar un ambiente colaborativo.

Superando el dormitorio y la cafetería de la esquina
De acuerdo con los avances de la cuarta encuesta global de coworking, desarrollada por la revista Deskmag, y a la cual tuve acceso en el marco de la Conferencia Europea de Coworking de noviembre, comparto algunos resultados. Aunque desde 2006 se han casi cuadruplicado los espacios de coworking, superando ya en 2014 los 3.000 centros, 40% tienen menos de un año en el mercado, señalando esto lo novedoso del fenómeno.

Más del 90% son 24/7, o sea, coworking todo el día. El promedio de edad de los usuarios es 35 años y cerca del 80% poseen grado universitario. Cada 60 días se adquirirían 3,8 nuevos contactos de negocios. En promedio, los coworkers esperan aumentar en 75% sus ingresos por ser parte y entre las motivaciones para permanecer se destaca disfrutar de una atmósfera con fuerte impronta comunitaria (66%). La mayor interacción está en charlas breves y casuales (77%). En cuanto a la participación de mujeres, pasó del 32% (2010) al 38% (2012). La mayoría son trabajadores por cuenta propia o freelancers (53%) y luego vienen los emprendedores en etapas tempranas (14%).

* co-Fundador & Director Ejecutivo de fundación daVinci

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