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El Partido Colorado, el que más presidentes de la República aportó al país en su historia, pasa por una de sus peores horas en medio de una crisis política y económica, donde no aparece la luz al final del túnel.

El partido se degradó a tal punto que hoy no tiene un candidato para la Intendencia de Montevideo (lo cual sería inédito), que lo busca desesperadamente, y su representación en el mayor distrito electoral puede quedar reducido a ediles y concejales. En el resto del país pelean por mantener dos intendencias: Salto y Rivera.

Si bien la caída tuvo un mojón en la crisis del año 2002 –cuando el país con la conducción de Jorge Batlle quedó al borde de la quiebra aunque al final de esa gestión la economía empezó a levantar– el escaso respaldo popular obtenido en las últimas elecciones (12,9% de los votos) pusieron un signo de interrogación sobre el futuro de la histórica colectividad de Fructuoso Rivera y José Batlle y Ordoñez.

En medio de un panorama oscuro, que la dirigencia no niega y trata de levantar el ánimo a los militantes, otro problema es que no aparecen figuras de recambio a pesar que algunos pocos intentan asomar.

Tras la última derrota, que en octubre relegó a los colorados por tercera vez consecutiva a ser la tercera fuerza política, llegaron las críticas a su líder Pedro Bordaberry que, desde entonces, se recluyó en familia en su campo de Durazno.

Así surgieron dudas sobre el liderazgo del partido. Antes, en la campaña, hubo reproches por decisiones tomadas, como la elección de Germán Coutinho para la vice, y los palos vinieron del ala batllista.

Incluso el senador José Amorín Batlle, en plena campaña, aseguró en una reunión con militantes de Salinas que el que ganaba era el nacionalista Luis Lacalle Pou.

Después se puso en duda si Bordaberry no solo seguiría siendo el conductor, sino si continuaría en política. En recorridas por el interior del país en apoyo a Luis Lacalle Pou, despejó el camino y anunció a El Observador que asumiría como senador.

Vamos Uruguay, el sector que Bordaberry construyó desde cero, sufrió disidencias como la del diputado Fernando Amado –número dos de la lista de Montevideo– mientras que Guillermo Facello, el diputado más votado de los colorados en la capital, se maneja con cierta autonomía de la cúpula que rodeó al excandidato.

Facello comentó ayer en El Observador TV que no cuestiona el liderazgo pero marcó algunos puntos críticos.

“Los líderes tienen que hacerse notar, mandar, hablar con sus dirigentes, tienen que escuchar, y no solo a los que lo aplauden, sino a los que de buena manera le dicen: mirá que en esto estás equivocado”. Para el legislador, está en Bordaberry definir su futuro, que será entre “asumir el liderazgo del partido o dedicarse a la tarea legislativa”.

Más contingencias

El líder colorado también enfrentó casos como los de Florida, donde la dirigencia local anunció que votará por el candidato de los blancos, el intendente Carlos Enciso, lo que abrió una nueva polémica.

Con el Frente Amplio creciendo, los colorados pensaron para la capital en construir el Partido de la Concertación, una alianza con los blancos, que acaba de sufrir un revés con la renuncia del candidato colorado, Luis Alberto Castillo.

De esa forma se precipitó una crisis que no hace más que aumentar las posibilidades de un nuevo triunfo de la izquierda en la capital.

Las resistencias internas a esa herramienta se tradujeron en una polémica que se dio en la última convención colorada donde Bordaberry fue desautorizado.

El senador propuso el lunes pasado en la convención votar una moción de apoyo a Castillo, que no fue aprobada. En medio de esa derrota política, también vio como dirigentes cercanos fueron abucheados, según contaron a El Observador participantes de ese encuentro.

Desde las elecciones de octubre Bordaberry tuvo una victoria y fue en la elección del nuevo Comité Ejecutivo Nacional que será dominado por su sector.

Ese organismo creó una comisión de tres miembros –dos son de Vamos Uruguay– para revisar las causas de la derrota electoral donde Luis Lacalle Pou los dejó sin balotaje y el Frente Amplio volvió a despegarse. Bordaberry decidió no integrar el CEN para dar mayor libertad a los que debían evaluar la derrota.

En los colorados, incluso los más críticos de la situación actual, reconocen el esfuerzo de Bordaberry en la campaña, pero dicen que, con eso no alcanza para ganar.

Para el futuro proyectan volver a los barrios a buscar al electorado, trabajar desde el Parlamento y desde los cargos que decidieron aceptar en la administración de Tabaré Vázquez. Por ahí buscarán reflotar al otrora poderoso Partido Colorado.

¿Cuánto tiempo les llevará? Nadie lo sabe.

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