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Imaginamos que lo mejor que le puede pasar al cabañero –productor de genética– es ver concretados sus objetivos de selección en un buen padre o una buena madre, en la sangre que se va transmitiendo de generación en generación.

Lógico que con el tiempo está la valoración de una mirada, por cierto subjetiva, que puede llegar hasta la admiración de ver al animal caminando por el establecimiento o una pista donde se postula a un galardón.

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Son años dedicados al trabajo, de sacrificios en pos de mejorar, con los mismos sabores y sin sabores que cualquier actividad humana, con marchas y contramarchas en el camino hacia las metas propuestas.

Pero también debe ser cierto que, al inicio de una nueva zafra de reproductores bovinos de carne, el mejor reconocimiento es que el mercado convalide ese esfuerzo con buenos precios.

Ese parece ser el caso de esta nueva zafra de toros, aunque en esta materia no es bueno vender la piel del oso antes de cazarlo y ya hubo ejemplos de buenos comienzos y malos finales.

Pero que lindo comienzo ha tenido esta zafra. Si bien el tradicional remate que organiza la Sociedad de Criadores de Hereford del Uruguay (SCHU) tiene un estatus superior, los precios se ubicaron por encima de los del año pasado y se obtuvo un máximo de US$ 21.000 por un Polled Hereford de James Thompson (ver página 11).

En total se colocaron 35 toros, a una cotización promedio de US$ 5.129, lo que representó un 33% superior a 2011.

Al día siguiente, siguiendo una tradición, se concretó el remate denominado Los Novilleros, en la Rural del Prado. Y la expectativa no se vio defraudada en la venta de cuatro cabañas de fuste: Carablanca y La Colorada, de Morixe; Santa Inés, de Alberto Pereira Micoud; y Las Anitas, de Alfonso.

Se vendieron 54 toros Hereford y Polled Hereford en pista, a un promedio de US$ 5.896, y 15 toros Aberdeen Angus colorados, a un promedio de US$ 6.222. Hubo un máximo de US$ 12.600 por un toro de Las Anitas.

De esa forma, los pronósticos de El Observador Agropecuario en sus últimas dos ediciones, de que tendremos una zafra de toros que batirá récords, parecen encaminarse. La impresión de los operadores es que los precios oscilarán entre US$ 3.000 y US$ 4.000.

Ahora empieza la seguidilla de remates de toros de campo de las distintas razas y cabañas en todo el país, que deberán convalidar estos pronósticos previos, en un maratón que culminará a mediados de noviembre.

Sin embargo, no todo debe ser especulación y hay datos concretos que permiten ser optimistas. Uno de ellos es el interés en producir más terneros y, por ende, más carne. Ese objetivo redundará en una mayor demanda de toros para la próxima entorada.

Las cifras de Dicose ya están determinando que hay unos 300 mil terneros más este año y están prevista una producción de 2,8 millones de cabezas en las pariciones. La meta de los tres millones de terneros no es nada despeciable para los ganaderos.

Otro factor que da cierta solidez al mercado es el precio del ternero, que promedió US$ 2,70 el kilo en los últimos remates por pantalla en setiembre pasado. Es un indicador importante que el kilo de ternero se haya mantenido 16 meses por encima del kilo de novillo.

Por si ello fuera poco, las perspectivas de una menor oferta a nivel mundial, en especial de EEUU y Australia por caída del stock, mantendrá firme por un buen tiempo el precio de la carne.

La posibilidad de la exportación en pie y la nueva cuota de la Unión Europea de carne de alta calidad terminada a grano –sin aranceles– son incentivos adicionales para que los toros se coticen en esta zafra.
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