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Como en el juego de la mosqueta, donde el que tiene la pelotita la muestra y la esconde para distraer al apostador, las mujeres aparecieron en las listas al Parlamento, pero después de la elección nacional su participación creció muy poco de un período a otro. A pesar de la cuota, los hombres resistieron en sus bancas, sobre todo en la Cámara de Representantes, ya que en el Senado -al menos quienes salieron electas- las mujeres son casi un tercio (9 de 30).

La ley electoral obligó a los partidos a presentar ternas con candidatos de ambos sexos en las listas, es decir, dos hombres y una mujer, o al revés, sin importar el lugar. Sin embargo la inmensa mayoría de las listas eligió encabezar las planchas con candidatos hombres, y colocar a otro hombre en el segundo lugar, para recién dar espacio a una mujeres en el tercero. De esa forma dieron cumplimiento a lo que establece la ley de cuota, pero a sabiendas de que en muchos casos el lugar destinado para mujeres no eran “salibles”, como se dice en la jerga política. Como en Montevideo las listas más importantes de los partidos se quedaron con la mayoría de las bancas, varias mujeres pudieron ingresar a Diputados. A pesar de ello, en la nueva legislatura habrá apenas una diputada mujer más que en el período anterior.

Tal como se adelantó desde la academia previo al inicio del período electoral, hubo candidaturas “florero” o “títere” para cumplir con la cuotificación. Y en esa práctica no se salva casi nadie.

La diputada del Partido Nacional, Verónica Alonso, por ejemplo, logró una buena votación en las internas de junio y se ganó el primer lugar a la Cámara de Representantes en la lista oficial de Alianza Nacional en Montevideo. Pero a la vez Alonso fue colocada tercera en la lista del sector de Jorge Larrañaga al Senado. Ambos cargos estaban asegurados de antemano, por peor que votaran los blancos en octubre. Por ello, Alonso colocó Álvaro Dastugue (pastor de la iglesia Misión Vida), un dirigente aliado como su suplente en Diputados, y por lo tanto ese lugar que en los papeles era para una mujer, lo retiene un hombre.

Algo parecido sucedió con Graciela Bianchi, también del Partido Nacional. La dirigente del sector Aire Fresco de Luis Lacalle Pou fue la tecera candidata de la lista 404 tanto a Diputados como a Senadores, pero sus suplentes son hombres. En el sector del presidenciable blanco se maneja que Bianchi asumirá en la Cámara de Representantes para dar lugar al suplente Álvaro Delgado en el Senado. Sea como fuere, en ese caso también pierden las mujeres un lugar que lograron con la cuota.

Otro caso es el de Mónica Xavier. La presidenta del Frente Amplio fue utilizada como candidata en varias listas, pero ocupó el segundo lugar al Senado por el Partido Socialista. Según lo resolvió la coalición de izquierdas, quien ocupe la Presidencia del partido no podrá desempeñarse a la vez en otro cargo público. Ello impediría que Xavier asuma en el Senado. La dirigente socialista había dicho que aceptaba ir en la lista siempre y cuando su suplente era mujer. Sin embargo, para que una mujer entre en su lugar debe renunciar al cargo. En ese caso entra Daisy Tourné (que fue tercera en la lista de titulares), ya que si por el contrario pide licencia, ingresa Daniel Olesker. El Partido Socialista eligió el sistema de suplentes mixto, que da ingreso al siguiente en la lista de titulares en caso de renuncias, y convoca a suplentes respectivos en caso de ausencia temporal.

Una fuente de la coalición de izquierdas explicó a El Observador que Xavier pretende asumir la banca y ejercer de senadora mientras culmina su tarea en el FA. Para ello el Plenario de la fuerza política deberá aprobar un cambio en las reglas de juego en febrero. Si eso no ocurre, pedirá licencia y entrará Olesker, por lo que hasta 2016 -cuando Xavier haya terminado su período en el FA y pueda asumir como senadora- faltará otra mujer de las 9 electas en el Senado.

En la Cámara de Representantes un tercio de los legisladores electos son mujeres. Es el partido que tuvo más paridad según el total de bancas obtenidas. De 13, cuatro son mujeres. En el FA serán 10 de 50, y en el Partido Nacional 1 (si asume Bianchi suma otra) de 32.

Martha Montaner, del Partido Colorado, fue candidata en el tercer lugar al Senado por la lista de Pedro Bordaberry, y a la vez encabezó la plancha de diputados en Tacuarembó, su departamento. A diferencia de los casos de Bianchi y Alonso, por ejemplo, en su lugar ganado en Diputados asumirá otra mujer. Se trata de Susana Montaner, su hermana.

El caso del grupo de Constanza Moreira es un ejemplo de aplicación minimalista al revés, ya que sus listas eran encabezadas por mujeres y los hombres fueron relegados.

Para la investigadora del Instituto de Ciencia Política, Niki Jhonson, los partidos optaron por una aplicación “minimalista” de la ley de cuota. En entrevista con El Observador TV, dijo que en Uruguay existe un “machismo solapado”, pero que “está presente”. A su juicio las fintas a la cuota se dieron en todos los partidos, aunque hay algunos que tienden a ser más “conservadores”, como el Partido Nacional.

La única diputada nacionalista que asumirá la banca el 15 de febrero (sin contar el caso de Bianchi) es Gloria Rodríguez, una dirigente barrial del Herrerismo, que entró por 100 votos a la Cámara.

Según quedó establecido luego de la elección del 26 de octubre, habrá legisladores mujeres de seis de los 19 departamentos del país. Atrás de ese dato se esconde otra de las explicaciones de por qué no hay más mujeres en el Parlamento. En 11 departamentos están en juego dos bancas, y como es difícil que se las queda un solo partido, la competencia está entre dos lemas. Ellos, en general, ponen a hombres como cabeza de lista, y por más que cumplan con la cuota y haya mujeres en el segundo y tercer lugar, la aspiración realista es que accedan a una sola banca por lista. Para muestra basta con ir al resultado: en ninguno de esos 11 departamentos salió electa una mujer.

La senadora electa por el Frente Líber Seregni, Daniela Payseé, admitió en entrevista con El Observador TV que si no fuera por la cuota quizá no hubiera ingresado a la Cámara Alta.

“Nosotros sabíamos de antemano que el sistema electoral nuestro, con la ley que habíamos sacado, no iba a ser permisivo que se cumpliera el objetivo de la ley. El objetivo de la ley no es que haya más mujeres en las listas, el objetivo de la ley es que haya más mujeres en el Parlamento”, dijo.

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Decisión 2014

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