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Emprender junto a un familiar puede resultar difícil. Sin embargo, Alejandra Briano lo supo sobrellevar con éxito. Álvarez Briano es la empresa de mudanzas y relocation que fundó junto a su marido hace seis años. A su vez, Briano se desempeña como la vicepresidenta de la Organización de Mujeres Empresarias del Uruguay (OMEU), la organización que centra sus esfuerzos en fomentar el emprendedurismo femenino en el país.

¿Cómo fueron sus inicios?
Mi esposo y yo teníamos muchos años de experiencia en el rubro, y ante la necesidad de realizar algo, fue bastante rápida la decisión. Era lo que sabíamos hacer, teníamos experiencia, conocíamos los clientes y todo lo necesario. Teníamos muchas cosas seguras, pero lo que más destacamos fue la confianza en nosotros mismos. La experiencia y el conocimiento del mercado fue fundamental. Sin embargo, la autoconfianza es lo que más destaco. Siempre lo peor que nos podía pasar era que nos fuera mal. Pero no había razón dado que ya teníamos todas las herramientas necesarias para un emprendimiento bien logrado.

¿Qué valora de sus inicios?
La gente es fundamental cuando uno empieza: cliente que te de confianza, como el empleado que te acompañe y que haga el trabajo. También la empresa necesita a los proveedores que dan una gran mano, dan una oportunidad. El hecho que te den la confianza en un principio es muy importante, y que te sigan en el proceso de crecimiento es muy lindo. Vas construyendo relaciones. Siempre digo que la gente que te rodea –clientes, empleados, proveedores, amigos, gente que vas conociendo- son maestros. Siempre aprendes algo. Para mí es muy valorable la disposición al aprendizaje. Yo tengo esa capacidad y me parece súper importante, sobretodo en el mundo en el que vivimos que cambia todo el tiempo.

¿Cómo fue el proceso de emprender?
Fue de cero porque la empresa era nueva, pero gracias a la experiencia que teníamos en el rubro ya teníamos todo el know how de cómo se hacía. Todo fue dándose. El gran desafío que tuvimos fue que los clientes empezaran a hacernos conocer. Por eso apostamos también a la parte de marketing, radio, publicidad, que eso para nosotros fue sumamente importante.

¿Cuáles cree que son las principales cualidades que la llevaron a ser una buena emprendedora?
Autoconfianza, en quien soy, en lo que hago, en lo que sé. Por otro lado, la convicción. Para tomar una decisión: la veo, la analizo, pero una vez que la tome no cambio, ya la pongo en marcha. A veces esa convicción es lo que me lleva para adelante, que me parece muy importante. Después, la capacidad de resolver situaciones. Me gusta, me parece como un desafío y es importante a la hora de tener una empresa, porque se presentan todo el tiempo problemas para ir resolviendo. Soy una persona calmada, no soy impulsiva, por lo cual a la hora de resolver alguna situación, analizo, pienso y trato de darme cuenta que no soy la dueña de todas las informaciones. Si no se qué hacer con algo, me nutro de información de quienes me rodean, pido ayuda, y recién ahí tomo una decisión. Soy organizada y también positiva, factores fundamentales.

¿Cómo fue emprender con su marido?
La ventaja de ser un matrimonio es que nos conocemos, tanto las cosas buenas como las malas. Nos complementamos. Tuvimos que aprender a decidir por consenso. Muchas veces nos pasa que nos ven como una sola persona, como una unidad. Este problema lo hemos venido trabajando. Hace un año que estoy haciendo un curso de coaching –que me entrena para formar equipos de alto desempeño basados en una buena comunicación entre otros factores-. A partir de este curso, nos reunimos una vez por semana con todo el equipo para ir trasladando los conocimientos. A raíz de estas reuniones tratamos de limar esas cosas, yo soy yo y el es el. Estamos tratando de profesionalizar esa relación., tratar de que nos miren como socios.

¿Cómo equilibra la vida trabajo-familia-hogar?
Siendo emprendedora o no, soy como cualquier mujer que trabaja de 8 a 10 horas por día. El peso de la responsabilidad del emprendimiento sobre mis hombros es parte del paquete. Entonces, quizás es hasta mejor, ya que las 8 o 10 horas las tengo que hacer igual, pero tengo el beneficio de la flexibilidad del horario. Uno se acomoda las horas a un programa semanal, de acuerdo a las necesidades de cada uno, y eso en mayor o menor medida me juega a favor.

¿Cómo se siente ser una mujer emprendedora?
El ser mujer nunca fue un problema, ni con los proveedores, ni con el equipo, ni con los clientes. Pero más allá de eso, también soy la vicepresidenta de la Organización de Mujeres Empresarias del Uruguay (OMEU), que nació en el 2010. Todo surgió cuando me invitaron a los primeros almuerzos y estuvo muy bueno, ya que son todas mujeres que les pasa a todas lo mismo: deben administrar el tiempo con la casa, el marido, la cocina y todas las actividades que una mujer debe realizar. Son temas en común, que capaz que no se tratan tanto –por lo menos en mi caso con mi marido que es hombre- y está buenísimo entrar en un espacio femenino. Son todas mujeres, algunas ya son emprendedoras, otras queriendo emprender.

¿A qué se dedica OMEU?
La idea es fomentar el emprendedurismo femenino. Se trata de imponer la idea de que sí se puede emprender siendo mujer, que no importa que una esté sola, lo importante es que se tenga un buen asesoramiento. Si una sabe lo que quiere hacer y es ordenada, puede.

¿Qué es lo que más le gusta de integrar OMEU?
Se podría decir que encontré el huequito para trabajar con mujeres que están en la misma situación que yo. Viven situaciones similares en el hogar. Además, me encanta poder impulsar el emprendedurismo femenino. Así como también poder ayudar a aquellas chicas que quieran emprender o hacer conocer su emprendimiento y tengan dudas.
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