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Llega un momento en la vida en el que necesitás hacer cosas por los demás”, dijo emocionada la directora de Bethel Spa, Lourdes Rapalín, al recordar sus comienzos en el mundo de los negocios en 2004. Aseguró que no la motivó un interés comercial. Junto a su esposo, Álvaro Padín, tenían la inquietud de ayudar a las personas y servir a Dios: la consecuencia fue un negocio exitoso. El cambio, que implicaba descubrir su misión en la vida, fue motivado por la muerte de su padre. Tomaron el local, en el que actualmente tienen su casa central, y lo convirtieron en un negocio del que actualmente viven 90 familias.
Bethel Spa cuenta ahora con seis locales, y diversificó su propuesta con gimnasios, escuela de modelos y spa exclusivo para hombres.

¿Qué motivó la elección de poner un spa?

Una gran falencia que pude notar como consumidora del rubro es que faltaba mucho servicio y brindarse a las personas. A esto, que iba a ser un pasatiempo, terminé dedicándole mi vida. Estoy las 24 horas viendo qué puedo hacer por otras personas. Me da satisfacción, porque una persona puede venir por un tratamiento corporal, algo muy superficial, pero uno puede llegar al fondo de lo que realmente necesita, no sólo físicamente.

¿Cuál es el elemento fundamental de su empresa?

Con todas las decepciones que puedo tener atrás, estoy convencida y no me canso de decir que mi equipo es el mejor. De nada sirve tener la mejor aparatología, computadoras y el mejor espacio físico si uno no tiene el equipo. Pero el mejor equipo no se compone de los mejores técnicos: a estos uno los puede formar.

¿Participa del proceso de selección de personal?

Aquí (en Bethel Spa) me dicen que necesito un gerente de recursos humanos, pero es algo que no voy a delegar jamás, porque es el corazón de mi empresa.
Cuando voy a contratar a una persona me gusta mirarla a la cara, saber lo que puede sentir y que inquietudes tiene. Estoy todo el tiempo comunicada con cada uno de mis empleados y eso es lo que hace de Bethel un espacio tan rico en valor humano.

¿Qué fue crucial para el crecimiento que han tenido?

Del 2004 al 2009 formamos los cimientos de la empresa, donde trabajamos en la formación del equipo. A partir de ahí empezamos las campañas de marketing. El quiebre fue en 2009 con el local mixto de Carrasco y nuestro primer local en Punta del Este, que nos abrió las puertas al mundo. Empezaron a buscarme de otros países para crear tratamientos estéticos e investigar. Ahora tenemos ofertas para abrir sucursales en varios lugares; lo estamos estudiando.
¿El crecimiento también se debe a su preferencia por innovar?

Sí. Desde 2008 traigo tecnología de afuera. Nos vimos obligados a estar siempre con lo último. El año pasado todo el mundo comentaba de la ultracavitación y nosotros hacía ya cuatro años que lo usábamos. Trabajábamos en innovación sin saberlo. Marco (Calache, gerente de Marketing) me hizo notar que no estábamos mostrando esa faceta y entonces nos decidimos a comunicarlo. Cuando surgen masivamente las novedades en Uruguay, tres o cuatro años después de su salida en Europa, nosotros ya somos expertos.

¿Ser mujer fue un problema para convertirse en empresaria?

Tengo el beneficio de ser la única mujer al frente de un spa en Uruguay. En un lugar a donde van mujeres nadie va a saber tanto como una. Eso ha fortalecido Bethel. A nivel empresarial no me resultó difícil: al ser mujer se me abren muchas puertas, tengo muchos beneficios entre los hombres. Pero cuando se puede complicar en algo, está mi esposo para respaldarme.

OBJETOS QUE NO PUEDEN FALTAR

iPad
Es su agenda, en él registra todo. Está conectada “full time”, ya sea dentro o fuera del trabajo.

Biblia
“Me inspira y me hace mantener el equilibrio en mi comunión con Dios”.

Mac
Registra y estudia cada uno de los tratamientos. Se informa sobre las últimas novedades por internet.
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