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Hace 80 años Richard Anderson –“Mr. Anderson”, cómo lo nombra permanentemente su nieto–, fundó el Colegio homónimo. Hoy lo administra su nieto, Miguel Anderson (58). El empresario destacó que sigue con el legado de su abuelo no por un rédito económico, sino por el amor que le tiene y las ganas de que éste continúe en el tiempo.

¿Cómo decidió entrar a trabajar en el colegio?
Después de haber estudiado, haber adquirido más de quince años de experiencia en un emprendimiento anterior y de haber conocido lo que era la realidad del país. Aprendí mucho cuando nos fue bien y cuando nos fue mal; ya tenía 35 años y me consideraba en condiciones de poder administrar el colegio. Y así lo hice. Ya tenía la experiencia y el rodaje como para poder vincularme con las direcciones, los abogados, los contadores que estaban en aquel momento. Aprendí mucho con ellos y también con las generaciones anteriores, gente muy importante para mí que me enseñaron mucho.

¿Ve al colegio como un negocio?
El que pone un colegio pensando en el negocio está equivocadísimo. El padre que saca las cuentas por las cuotas que paga no tiene ni idea y el docente que saca las cuentas por las cuotas que se cobran tampoco. Los cambios son permanentes y hay que estar siempre adelante, a la vanguardia. Para ser buenos tenemos que ser proactivos. Además, todo buen colegio para tener buenos docentes tienen que estar bien remunerados; se merecen esa remuneración.
El compromiso de los docentes no se logra solo por la parte económica, sino que es el ambiente de trabajo, es el cariño con que se trata a las personas, las consideraciones que se tienen. Es un colegio que se destaca por eso, ponemos nuestra impronta todos los días.
Nuestra fortuna no está en nuestras casas ni en nuestros autos, está en el colegio. Si nosotros tenemos dinero lo volcamos aquí.

¿Cuál es su rol como administrador?
Soy responsable de todo. Según las leyes de sociedades anónimas y nuestro estatuto, el administrador es el responsable de todo lo que hagan los docentes y los directores. Somos responsables civiles y penales y nos compromete mucho. Como decía Mr. Anderson: “En este colegio los deberes hay que hacerlos bien todos los días, tanto los alumnos como los docentes y los dueños.”

¿Cómo se sobrelleva la competencia?
Ha sido un tema difícil para nosotros. No estamos acostumbrados a tener competencia. La administración anterior tampoco estaba acostumbrada. Sin embargo, hoy en día con tantos colegios tenemos que competir. La competencia es una realidad, no duerme y es feroz. Competimos con lo que tenemos y no somos agresivos, pero tampoco nos podemos dormir en los laureles.
Contratamos empresas de marketing que nos asesoraron. Estudiaron durante seis meses el tema, nos dieron los resultados y sugirieron cuál era el camino que teníamos que seguir. Hicimos todo lo que ellos nos dijeron. Tenemos una buena página de Internet, una persona especializada en marketing y vínculos. A su vez, contamos con una persona que recibe a los padres –la secretaria- que les da el primer contacto que es tan importante. También nos ayuda mucho la propuesta doble horario.

¿Cómo se siente estando al mando de un colegio que perteneció a su familia tantos años?
Es un legado. Tengo la responsabilidad de cuidarlo, de escuchar el pasado pero no quedarme en él. Tengo que tener un espíritu emprendedor y escuchar a los emprendedores que me rodean. Tener mente abierta es fundamental para darle paso a nuevas ideas. Ya tenemos el know how del pasado y eso nos da una ventaja muy importante para no repetir patrones. A veces hay que saber moverse lentamente, ya que no queremos perder lo familiar y artesanal que tiene el colegio: no nos interesa tener un colegio de 1.500 alumnos.

¿Cómo ve el futuro del colegio?
Mr. Anderson fue a un colegio internado que tiene más de 550 años. Es un colegio espectacular. Así como hay colegios que tienen más de 550 años, nosotros aspiramos a tener un colegio que llegue a los 500 años. Sin embargo, el problema no es llegar. A veces se llega rápido, la cuestión está en mantenerse, el seguir estando a la vanguardia.

¿Cree que la cuarta generación continuará con la tradición del colegio?
Tengo un hijo de 23 años que es contador e hizo una maestría en Costos. Actualmente trabaja en la intendencia, está comenzando un estudio contable con un amigo y trabaja en el colegio. Mata por el colegio. Si tuviese que dejar todo lo demás para trabajar solo en el colegio lo haría. Por otro lado, tengo otro hijo de 7 años alumno del colegio, que me da ideas en cuanto a gestión. Está fascinado.
La única prima hermana que tengo tiene tres hijas mujeres y dos varones chicos. Una de ellas está trabajando en la secretaría de primaria del colegio. Está encantada.
Tenemos una cantidad de chiquitos para seguir con el colegio.

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