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Hasta último minuto las cosas estuvieron inciertas en Brasil, donde una campaña vertiginosa hizo las cosas impredecibles. Al final, cuando apenas quedaba un 0,28% de los votos por ser escrutados, la presidenta Dilma Rousseff se atrevió a salir al público y celebrar la reelección por cuatro años más al frente del país más grande del continente. Apostó por el diálogo, la reforma política y las medidas económicas.

La segunda ronda que se celebró ayer en Brasil entre la mandataria y Aécio Neves (Partido de la Socialdemocracia Brasileño, PSDB) fue la más ajustada en el país desde el regreso de la democracia. Según el conteo final del Tribunal Superior Electoral el oficialismo obtuvo el 51,64% de los votos y la oposición, 48,36%. Por un margen escaso pero definido los brasileños eligieron la continuidad de Rousseff y del Partido de los Trabajadores (PT), que ahora se catapulta a cumplir 16 años en el poder tras los dos períodos de Luis Inácio Lula da Silva.

Como corresponde, Neves habló primero. Y lo hizo durante menos de cinco minutos, en los que agradeció a los brasileños y a su equipo. Lo fundamental es que confirmó que dialogó con la vencedora y le deseó éxito en la conducción del gobierno. “La mayor prioridad es unir a Brasil en torno a un proyecto honrado que dignifique a todos los brasileños”, comentó.

Poco después intervino Rousseff, que tuvo que forzar la voz y pedir varias veces a los militantes que hicieran silencio. Una de las palabras que más enfatizó fue “diálogo”, algo muy necesario ante unos resultados que mostraron un país dividido casi con regla. De hecho, declaró que no está de acuerdo con la afirmación de que los comicios partieron al país, pues “movilizaron ideas y emociones a veces contradictorias, pero movidas por un sentimiento común: la búsqueda de un futuro mejor”.

“El calor liberado en la disputa puede ahora transformarse en energía constructiva de un nuevo momento de Brasil”, enfatizó.

Al norte y este quedaron los distritos que prefirieron a la mandataria, mientras que en el sur y oeste priorizaron el cambio.

Rousseff se presentó como la estadista que es y, al mismo tiempo que tendió una mano generosa a los que no la votaron, se declaró dispuesta a hacer los “grandes cambios” que quieren los brasileños, que no deja de reconocer. Asimismo, se dijo dispuesta a cambiar ella misma para dar lo mejor de sí, algo que fue muy aplaudido cuando lo declaró ante las cerca de 1.000 personas que tenía en frente. “Este sentimiento de superación debe impulsar no solo al gobierno y a mi persona sino a todo el país”, pidió la presidenta.

En términos programáticos, la mandataria hizo énfasis en dos puntos que definió como claves: la reforma política y el control económico. Para lo primero propuso fortalecer las instituciones de control y fomentar cambios en la legislación que permitan “acabar con la impunidad, que es protectora de la corrupción”. Ante lo segundo, prometió retomar el ritmo de crecimiento y continuar “garantizando los niveles altos de pago y asegurando la valorización de salarios”.

Además de presidente, en algunos distritos se eligió gobernador. Los resultados netos fueron favorables a Neves, que ganó en tres estados (Pará, Goiás y Mato Grosso do Sul). Candidatos afines a Rousseff triunfaron en dos -Ceará y Acre-.

El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que integra la coalición de la presidenta, se coronó en otros tres distritos: Rodonia, Río Grande del Sur y Río de janeiro. En estos últimos dos compitió con candidatos del Partido de los Trabajadores, por lo que la oposición se consideró ganadora.

En otros cuatro estados ganaron partidos afines al oficialismo y en el Distrito Federal (donde se encuentra Brasilia) triunfó el partido Socialista Brasileño, de Marina Silva, que decidió apoyar a Neves.

Apoyo regional

Los presidentes de Argentina y Venezuela saludaron a Rousseff a través de twitter y manifestaron su alegría, pues su permanencia en el cargo implica continuidad en políticas regionales. De hecho, Cristina Fernández fue explícita en este sentido: “Este nuevo triunfo representa un paso más hacia la consolidación de nuestra Patria Grande sudamericana, a la cual tanto empeño hemos dedicado desde nuestras funciones de gobierno y desde la militancia de toda una vida”, redactó en una carta a Rousseff que divulgó a través de sus canales oficiales de comunicación.

Fiel a su estilo, el venezolano Nicolás Maduro fue más poético y se alegró no solo por el triunfo de su par sino también por el del pueblo, Lula, su legado, los pueblos de América Latina y los del Caribe. “Dilma ha vencido la guerra sucia y la mentira. Pudo más la verdad de 12 años de un pueblo que mira al futuro con esperanza. Felicitaciones”, acotó.
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