Covid-19 relanza las oportunidades de la emergente tecnología 3D
Se ha situado en primera línea de la lucha y contribuyó a evitar el colapso sanitario. Además demuestra el potencial para innovar de startups
El día que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, anunció la declaración del estado de alarma, un grupo de personas comenzó a organizarse. Eran miembros de la comunidad maker, un movimiento que propugna el Hágalo usted mismo, decididos a ofrecer un plan de apoyo para contener la pandemia hasta que la Administración y la industria en España fueran capaces de adquirir y proporcionar los medios necesarios. Cinco semanas después, este colectivo engloba a más de 20.000 personas que han producido y entregado alrededor de 400.000 viseras de protección, 100.000 mascarillas quirúrgicas y 20.000 batas en toda España, tanto a profesionales sanitarios como a otros que prestan actividades esenciales.
De esta forma, el grupo ha sido capaz de desarrollar una auténtica cadena de producción para diseñar, compartir y producir estos prototipos. En línea con el espíritu maker, la iniciativa se apoya en el conocimiento compartido a través de soluciones de código abierto. Cada voluntario emplea sus propios medios para imprimir los materiales, ya sea en sus propias casas o en centros de fabricación. Por el momento, estiman que el gasto total en materiales utilizados se acerca a los 200.000 euros.
Un aporte clave
En los momentos de mayor congestión en el sistema sanitario, la tecnología 3D ha contribuido a evitar el colapso de los recursos. “Lo más interesante de este fenómeno es que, partiendo de una capacidad técnica como las impresoras 3D, han conseguido autoorganizarse y responder con agilidad a las demandas de muchos lugares distintos de manera distribuida, con una gran imaginación y rapidez”, subraya Esteve Almirall, profesor del departamento de Operaciones, Innovación y Ciencia de Datos de Esade.
No sólo los makers han aportado su granito de arena; muchas empresas también han puesto de su parte.
Es el caso de la ingeniería gallega Lupeon, especializada en impresión 3D y fabricación aditiva, que ha diseñado adaptadores y llaves de plástico abrepuertas en colaboración con la Universidad de Vigo y la asociación metalúrgica gallega. Estos adaptadores bifurcadores, que se han fabricado con material biocompatible para el uso quirúrgico, se conectan directamente a los respiradores y permiten que una sola máquina preste asistencia a dos pacientes, en caso de que su condición no sea grave. “No es una solución ideal, pero en caso de necesidad permite conectar a dos pacientes a una máquina”, afirma su CEO Luis Mandayo.
El éxito de estas iniciativas se debe a que “combinan las dos grandes ventajas de la impresión 3D: es la tecnología que más rápido puede desarrollar una pieza, y por otro lado, la descentralización de la fabricación”, señala Xavier Martínez Faneca, CEO de BCN3D, que también ha contribuido con la entrega de miles de viseras.
Lejos de lo que se especulaba hace algunos años, ahora parece claro que no todo el mundo tendrá una impresora 3D en casa.
La evolución de la fabricación aditiva ya no parece tan ligada al espacio casero, sino al ámbito industrial. Asimismo, “la capacidad de innovación se ha movido en el entorno digital, que tiene características diferentes a la innovación tradicional: todo está en abierto”, señala Esteve Almirall, que hace hincapié en que España es uno de los países más avanzados del mundo en este campo.
“Hasta que llegó el coronavirus, la automoción era uno de los sectores donde más madura estaba la tecnología 3D; ahora, quizá el futuro esté en el ámbito de la salud”, comenta Luis Mandayo. Desde la aeronáutica y la automoción hasta las compañías que ofrecen servicios de ingeniería y reparación, los expertos coinciden en que las oportunidades son variadas.
Al alcance de las pymes
Hasta hace poco, la demanda de pymes que querían tener una impresora 3D no industrial estaba desatendida. “La virtud principal de la impresión 3D de escritorio es facilitar la entrada a la fabricación para pequeñas y medianas empresas, incluso autónomos”, señala Xavier Martínez Faneca, CEO de BCN3D, una start up surgida en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).
En 2015, lanzaron al mercado su primera impresora 3D, en la que introdujeron la tecnología IDEX, que permitía fabricar con dos materiales diferentes y producir más piezas por cada máquina. “El cliente no necesita estar especializado porque la impresora está preparada para ser fácil de usar”, asegura Martínez Faneca. Desde el lanzamiento de su segundo modelo, BCN3D ya cuenta entre sus clientes a compañías e instituciones como Seat, Nissan, BMW, el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, la firma de calzado Camper e incluso la NASA. En marzo de 2019, la ‘start up’ levantó una ronda de financiación de 2,7 millones de euros.
(Expansión - RIPE)