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Un tejano en Saint Tropez o en la bella Portofino es el retrato del hombre Gucci para la próxima primavera-verano de 2004, vestido por el diseñador estadounidense Tom Ford. Este cowboy europeo y refinado desfiló este martes por la pasarela de la moda masculina de Milán, junto a los elegantes maniquíes de la firma Trusardi, envueltos en un halo de lujo deportivo marca de la casa, con una nueva sublimación de las prendas de piel.

Con música del oeste americano como telón de fondo y algún que otro sombrero vaquero, los modelos de Gucci, pensados como síntesis del Nuevo y el Viejo Continente, llevan pantalones tejanos planchados con raya y ceñidos para realzar unas omnipresentes botas camperas.

El vaquero de Gucci, más sexy, chic y joven que los rancheros tejanos de estampa lejana, no renuncia a ponerse en un momento dado pantalones y zapatillas de tenis, en piel blanca y con rayas de colores, en una colección en la que priman los marrones.

También fiel a su recorrido y a su imagen se mantiene Betarice Trussardi, que volvió a apostar desde la pasarela de Milán por los valores de siempre de la casa de modas, con especial atención a su culto reverencial por la pieles.

En ese guardarropa se esconde comodidad al servicio del lujo, como en el blusón color canela opaco y sutil, combinado con pantalones a rayas, los mocasines y sandalias en piel de cocodrilo o una saca deportiva marrón de impacto inmediato.

Con trasfondo de música ska y modelos-bailarines escenificó la presentación de su colección la diseñadora Rossella Jardi para la marca Moschino, que cumple 20 años bajo la evocación del inmortal Elvis Presley y una relectura de su estilo al gusto de los años 80.

El color es el punto de partida y de llegada del nuevo hombre Missoni visto en Milán, un joven y elegante artista impregnado de elegancia y frescura, con sus polos adherentes, camisetas de rejillas de hilo de lino y pantalones claros de piel agujereada.

(EFE)

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