Crédito a las familias se enlentece pero sostiene presión sobre precios
A pesar del menor crecimiento, los préstamos se expandieron por encima de los ingresos
El crédito bancario a las familias registró un segundo trimestre consecutivo de desaceleración en su crecimiento. Sin embargo, sigue creciendo a buen ritmo aun cuando la política monetaria busca frenar uno de los canales que refuerzan la demanda interna y agravan la inflación.
Según los datos procesados por El Observador a partir de información del Banco Central (BCU), el crédito a las familias creció 8,6% en los 12 meses finalizados en setiembre, medido en Unidades Indexadas (UI). De esa manera, el financiamiento a los hogares por parte de las instituciones bancarias se desaceleró respecto a la tasa de 10,8% interanual registrada al cierre del segundo trimestre del año, y de 13% a fines de marzo.
Las familias toman crédito mayormente en moneda local. De hecho, del crédito vigente en el sistema bancario, 95% se encuentra nominado en pesos. Con fines de análisis se consideran los valores en UI para reflejar el poder de compra del dinero a cada momento, restando el efecto de la inflación. De todas maneras, el crédito sigue creciendo por encima del ingreso medio. Según los datos difundidos ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en los 12 meses finalizados en octubre, el ingreso medio de los hogares aumentó 5,3% en términos reales, por debajo de la expansión del crédito.
El aumento de los salarios a tasas reales de 4,4% interanual en el promedio del tercer trimestre, respecto a igual período del año anterior, y un desempleo cercano a los mínimos históricos, se encuentran detrás del aumento del consumo, incentivado además por el crédito a las familias. Durante este año, los indicadores de confianza de los consumidores, que permiten anticiparse a sus comportamientos de gasto, se asentaron en niveles por debajo de los de 2011.
Según el índice que elabora el Programa de Opinión Pública y Confianza Económica de la Universidad Católica y Equipos Consultores, en el promedio de los primeros nueve meses del año, el Índice de Confianza del Consumidor cayó 4,9% respecto a igual período del año anterior. De todas maneras, todavía se encuentra en niveles de optimismo.
Eso explica la desaceleración del crédito de las familias –volcado en su amplia mayoría al consumo de bienes y servicios– durante el último año, aunque todavía manteniendo tasas elevadas en comparación con el aumento de los ingresos y otros indicadores económicos. La política monetaria más contractiva, no parece haber influido de manera importante sobre ese financiamiento. Entre marzo de 2011 y octubre de 2012, el BCU realizó cuatro ajustes al alza de la tasa de interés de referencia, de 6,5% a 9% en ese período, con el objetivo de encarecer el acceso adinero y desincentivar, de esa manera, el crecimiento de la demanda agregada y la presión al alza sobre el nivel de precios.
El canal a partir del cual opera esa reducción es la tasa de interés que exigen los bancos para prestar a las familias. Cuanto más lato sea el costo del crédito, menos interés por parte de las familias va a haber para solicitarlo. En tal sentido, los intereses al consumo no solo no aumentaron en los 12 meses a octubre, sino que tendieron a bajar. El costo de endeudarse con los bancos para las familias pasó de 36,9% en octubre de 2011 a 34,9% en igual mes de este año.
Si bien algunos expertos consideran que el dato de inflación de noviembre podría alentar una nueva suba de tasas en la próxima reunión del Comité de Política Monetaria (Copom) del BCU a fines de este mes, en un evento empresarial el equipo económico dijo esta semana que las presiones inflacionarias son de “corto plazo” y que hay que ser cuidadosos al aplicar medidas que puedan comprometer el crecimiento del próximo año. A pesar de las negociaciones del gobierno para la congelación de precios en supermercados, los precios subieron 0,35% en noviembre, marcando un segundo mes consecutivo de inflación interanual por encima de 9%.