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Como la definió el periodista Pablo Wende en InfobaeTV, en Argentina esta es “la semana de los neurocirujanos”, en la que todos los medios de prensa convocan a los profesionales para obtener más detalles de la operación de la presidenta Cristina Fernández y para intuir cómo será su recuperación y en qué condiciones regresará al poder. Aunque los consultados son muchos, en el fondo las dudas persisten.

A eso de las dos de la tarde de ayer el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, informó que la mandataria había “pasado muy bien toda la noche”, estaba “de buen ánimo” y empezaría a alimentarse por vía oral.

“La presidenta les manda un beso bien grande a todos los argentinos, evoluciona sin complicaciones y continúa con estricto control médico”, agregó, antes de leer el parte. El texto aclara que “evoluciona favorablemente sin complicaciones” y “se encuentra con los parámetros vitales dentro del rango normal”.

Un poco más temprano Pablo Rubino, jefe de la sección vascular de la Fundación Favaloro, había destacado la “satisfacción” de todo el equipo médico ante la “excelente paciente”, y había asegurado que “la recuperación es completa”.

También Hebe de Bonafini, titular de Madres de la Plaza de Mayo, indicó que la mandataria estaba bien. Aunque no la vio, se hizo estudios en el mismo hospital y coincidió con sus familiares.

Rumores

Pero en lo que parece un regreso de la situación vivida con la enfermedad del presidente venezolano Hugo Chávez, en los medios se suceden las declaraciones que complementan la información oficial.

De acuerdo con La Nación y en base a fuentes oficiales, a la presidenta se le practicó una prueba de Holter para monitorear de manera ambulatoria por varias horas la arritmia cardíaca que sintió el fin de semana. El estudio no constó en ningún parte médico por orden expresa de la paciente, según esas fuentes.

“Se le hizo un Holter y dio bien. No quiere que se informen todos los estudios porque pueden malinterpretarse y eso causaría inquietud”, reveló un funcionario.

El texto de La Nación poseía más detalles que, aunque intrascendentes, siempre resultan jugosos para los que esperan con ansias noticias de su presidenta y deben conformarse con estrictos partes médicos.

Así, la nota indicaba que la presencia de Giselle, la hermana de la mandataria, causaba cierta tensión en el equipo de médicos porque, como doctora y como hermana de la paciente, quiere intervenir todo el tiempo. “La que más se mete en todo es Giselle, porque es médica y quiere dar órdenes, y termina peleándose con Cristina Kirchner como si fueran dos hermanas discutiendo por el control remoto”, contó esa misma fuente, con un tono risueño. Al parecer, algunos médicos evaluaban disminuir la presencia de la hermana de la mandataria.

A estas versiones de cosas que habrían pasado y no se comunicaron se agregan las declaraciones de los políticos de la oposición, que atizan el fuego de la desconfianza en la información oficial. Mauricio Macri, jefe de gobierno porteño, por ejemplo comentó ayer que la falta de datos “agrava la incertidumbre”.

“Genera una enorme incertidumbre y preocupación a todos los argentinos. Sentimos que no tenemos toda la información que deberíamos, lo que agrava la incertidumbre”, insistió ante la agencia DyN.

Más interrogantes genera aún el origen de la enfermedad de Fernández, pues no conformó la explicación de que se dio un golpe el 12 de agosto y muchos cuestionan que es extraño que no se hubiera informado en ese momento.

Algunas versiones sostienen que se resbaló en la escalera del Tango 01 y otros dicen que se cayó en su casa. En cuanto a por qué se habría caído, las conspiraciones también son más variables. Tal vez la teoría más repetida indica que, tras ver que a su partido no le había ido muy bien en las elecciones PASO, recibió –o se automedicó– algún ansiolítico para tranquilizarse y como consecuencia estaba “abombada” y perdió el equilibrio.

Otros afirman que detrás del golpe hay algo del tenor de una enfermedad de Pik, una demencia que implica una atrofia del lóbulo frontal y, sí, impediría el ejercicio del poder porque acarrearía cambios en el comportamiento.

Y más dudas

La recuperación de Cristina es otra de las grandes dudas, pues depende de su evolución. Según varios especialistas, a las 48 horas de reposo en cuidados intensivos se le recomienda seguirlas con otros siete o diez días de mayor calma, antes de que le saquen los puntos. El descanso, en todo caso, está indicado para entre 30 y 45 días después de la intervención.

Pero en el caso de Fernández hay una complicación aneja y es la falta de capacidad de deslindarse de sus responsabilidades: a los pacientes con hematomas subdurales suelen recomendarles alejarse por mayor tiempo de esas cosas que les pueden producir un mayor estrés, algo muy difícil de evitar cuando la pacienta tiene las riendas de un país. De aquí que varios pongan en duda que, en el caso de reintegrarse al ejercicio, realmente sea ella la que siga tomando las decisiones diarias en Argentina y que, en todo caso, si lo hace se agravará su cuadro clínico.

Precauciones de seguridad

Para asegurar que no se filtren noticias indeseadas, el equipo de gobierno de Argentina impuso ciertas restricciones en la Fundación Favaloro, un edificio de nueve pisos donde el personal tiene acceso restringido al sexto, donde está la presidenta.

Todo el personal de la clínica debió dejar en el departamento de seguridad sus teléfonos celulares y corrió la versión, tal vez para infundir temor, de que las líneas eran intervenidas.
Siete personas entraron a la sala de operaciones, según Clarín: dos cirujanos, una instrumentista, un anestesista, un técnico anestesista, el encargado de pasar el instrumental y el director de la clínica.

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