Durante 1988 murieron en las fincas bananeras de La Negra y Honduras, 21 campesinos acusados de ser auxiliadores y activistas de la guerrilla. Con tal panorama era difícil trascender en ese lugar. Y la imagen pintada era opuesta a la que se veía en los jóvenes, que trataban de escaparse de la cruel realidad, corriendo detrás de la pelota o moviéndose al compás de un bullerengue.
En ese mismo año y en la misma ciudad se vivió el nacimiento de un individuo que iba a cumplir con todos estos puntos típicos de Necoclí: Juan Guillermo Cuadrado. El jugador de Juventus. El colombiano que tuvo que salir en el primer tiempo frente a Japón por la expulsión de un compañero. El que convierte un golazo y requiebra su cuerpo con el "ras tas tas". El que una noche, a sus cuatro años, tuvo que ver a su padre morir.
En la familia de Juan eran trabajadores de clase baja que trataban de darle todo a su hijo para que pudiera crecer lo más aislado posible de la verdadera ciudad en la que vivían. Guillermo, el padre, era un humilde repartidor de refrescos y Marcela Bello, su madre, se revolvía en una bananera.
Si había algo que no sobraba era dinero en la casa del actual jugador de la Juve, pero algo que no faltaba era creatividad y eso también era un tesoro.
El juego que le salvó la vida
Acostumbrados a las lluvias de balas, los padres del deportista se las ingeniaron para inventar un momento lúdico con su hijo y de esa forma resguardarlo de las noches crueles para que no fuera asesinado.El juego consistía en que Juan tenía que esconderse debajo de la cama cada vez que escuchara comenzar un tiroteo. El niño lo hizo en reiteradas oportunidades, pero una vez no terminó como todos esperaban. Al salirse del escondite encontró a su padre inmóvil tirado en el suelo, muerto por una banda de delincuentes. Esa pesadilla le marcó la vida.
Las manos de su madre
Fue Marcela Bello quien tuvo que ponerle el hombro a la situación y sacar adelante la vida de su pequeño hijo. Con un trabajo no alcanzaba y además de la empresa bananera llegó el día a día en una heladería, que le sumaban para pagar los ocho mil pesos colombianos que le costaba mensualmente la escuela de fútbol Mingo de Necoclí.La madre de Juan, además, pudo retomar sus estudios y pudo hacerse lugar entre las balas. Sin embargo, la violenta situación no mermó y se tuvieron que mudar al municipio de Apartadó, donde el atacante continuó su carrera entrenando en el Manchester FC local.
El profesionalismo
A los 12 años de edad, Cuadrado dejó el violento Urabá para llegar a Cali, gracias a Nelson Gallego, quien fue autorizado por la madre del jugador para llevárselo con él. De todas formas, no fue ahí donde debutó en primera división. La vida, sorprendente y caprichosa, lo hizo comenzar en 2008 el profesionalismo en el equipo antioqueño Deportivo Independiente Medellín, por lo que pudo devolverle algo a su querida ciudad que tanto le dio y le quitó en su infancia.