Cuando Piria retorne
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Para 2098 estamos esperamos el retorno de don Francisco Piria. En su famosa novela El socialismo triunfante (1898) se imagina retornando a su Heliópolis querida para ver el incontenible avance de la ciencia, el arte y el progreso social. Será, según el sueño de Piria, un país en donde se trabajen 2 horas por día, donde todas las enfermedades se habrán erradicado y donde las artes y las ciencias prosperarán gracias a la educación pública proporcionada por el Estado. Un país sin concentración de la propiedad de los medios de producción, donde la herencia se limitaría y la tierra sería el único bien gravado mínimamente. La prosperidad de las naciones estará garantizada por el libre cambio universal de todo tipo de bienes. Siempre me pareció paradojal que uno de los mayores emprendedores del siglo XIX, una persona que concentró enorme cantidad de poder controlando vida y obra de tantas personas (casi en régimen feudal) terminara proclamando una utopía socialista como triunfadora. Lógico, bien a seguro que este sistema no le pondría cortapisa a su considerable acumulación de riqueza y poder en vida (un socialismo utópico con plazo: a 200 años para no dar malas ideas confiscatorias).
Hemos recorrido algo más de la mitad de ese camino y su Piriápolis todavía está un poco adormecida. Por el momento lo más innovador es el “peso Piria” que ofrecerá 10% de descuento para los uruguayos que veraneen en dicha localidad. Algunos literatos de ese pueblo (que a sí mismos con humor se llaman “piriapoludos”) aventuran que ese carácter cansino y poco emprendedor de los lugareños es la contracara del exceso de dinamismo y audacia del fundador. Casi como un yin-yang. Algo de esa desidia y falta de acción la compartimos muchos orientales, la aldea combate la adrenalina. Veamos ejemplos.
Todos sabemos que caímos en una crisis económica bastante autoprovocada en el 2002 que deprimió el valor del patrimonio nacional (muchas empresas no sobrevivieron al endeudamiento acumulado en las dos crisis 1982, 2002). Y que en la década siguiente todo se valorizó exponencialmente. Por ejemplo, la tierra multiplicó su valor por 7, pasando de US$ 500 a US$ 3.500. Muchos inversores, fundamentalmente extranjeros, intuyeron que esto podía pasar y tomaron los riesgos al amparo de una correcta legislación que no discrimina la inversión por su origen. Bien por ellos, nos ayudaron a salir de la crisis más rápido (como ahora sucede en la Europa mediterránea). Otros prefirieron colocar sus ahorros fuera del país (¿qué vas a invertir acá?). Es noticia que los ahorros de los uruguayos en el exterior están en unos US$ 8 mil millones (US$ 8 billones). Suponga que una parte de ese ahorro de nacionales, digamos 1 billón, hubiera sido canalizado a la compra de tierra. Por privados, por el Estado, por las AFAP (que no tenían esos fondos y ahora los tienen), por quien sea. Esos nacionales habrían recogido al finalizar la década unos 7 billones. Simplificando infantilmente el ejemplo, habrían ganado para el país (dejado de desperdiciar) unos US$ 6 billones. Dinero suficiente para pagar al contado y en efectivo: una planta regasificadora, una planta de celulosa, todo el sistema ferroviario, la recuperación de las carreteras nacionales y caminos rurales y de yapa quizás un metro para Montevideo (¡nuestras grandes obras de la última década son el puente sobre Giannattasio y el corredor Garzón!). Con el espíritu de Piria o Lussich es lo que se habría hecho.
Un segundo ejemplo de “falta de visión” es el frustrado acuerdo comercial Mercosur-UE. El punto más relevante es que para lograr algo de libertad comercial en este asfixiante “barrio K”, Uruguay ha tenido que recostarse demasiado a Brasil. En 1995 cuando retorné al país luego de haber vivido 4 años allí dije que Uruguay tenía déficit de influencia de Brasil y exceso de dependencia de Argentina. Quedó patentemente demostrado en la crisis 2002. Pero lo poco agrada y lo mucho enfada: ¿entiende la sociedad uruguaya lo que implica un acuerdo profundo con Brasil, con libre movilidad de personas? Creo que ni mínimamente. La agenda nacional está tomada por asuntos irrelevantes como la fotocopia de libros y cosas del estilo. La chance de tener una inmigración masiva de baja calificación desde Brasil (que alteraría no solo el mercado laboral sino la convivencia en la aldea) o la potencial fuga de cerebros formados aquí (gratuitamente en la educación pública que soñó Piria) no es un tema de análisis.
Es evidente que Uruguay está generando más oportunidades que en el pasado y esto atrae más inversión. De todos lados. Esto es una gran ocasión para consolidar esa sociedad próspera, culta y emprendedora que tantos han soñado de una u otra manera. Quizás no la que ingenuamente se imaginaba don Francisco Piria en sus detalles. Pero sí en su intención de progreso.