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El teatro no puede cambiar la realidad, sino que es realidad. He aquí uno de los axiomas que caracterizan al dramaturgo argentino Javier Daulte y es precisamente con un pedacito de ella que golpea al espectador en su obra Vestuario de mujeres, que puede verse en el nuevo Centro Cultural H. Bosch, bajo la dirección de Juan Pablo Moreno.

En consonancia con las directivas del autor, más que en una sala de teatro el público tiene la impresión de haberse infiltrado, cuan voyeur, en un vestuario femenino, en donde algunas verdades del género están a punto de salir a la luz, entre bombachas, vapores de ducha y golpes de casilleros. La escenografía es tan realista, que hasta se acondicionó la sala para que pudieran ponerse en funcionamiento cuatro ducheros.

La pieza, estrenada por primera vez en Buenos Aires el año pasado, forma parte del díptico Proyecto vestuarios, junto a Vestuario de hombres .
El nexo entre ambas consiste en un mismo punto de partida: un equipo amateur que practica un deporte exótico llamado Lacrosse logra clasificar para participar en la final del mundial de clubes que se celebra en Hungría.

A su vez, las obras se dividen en dos escenas: una antes de la final y otra, después del partido y transcurren en su totalidad dentro de los límites de un vestuario.
Desde este pequeño entorno, que en el plano del deporte suele cumplir una función accesoria e invisible para el público, Daulte propone un interesante juego en donde lo aparentemente importante deberá ser imaginado. La final se jugará fuera de escena, los romances se consumarán o se arruinarán en algún rincón oculto, pero en todos los casos, ahí cerca.

Entonces, el espectador tomará un rol protagónico en la construcción de esta historia por contigüidad. Su imaginación será un elemento clave a la hora de sazonar la imagen concreta a la que se enfrenta.

Las chicas se desnudan, se duchan, se pelean, se consuelan, se ilusionan, se enamoran, debaten, se sensibilizan, hablan de hombres y profundizan en teorías acerca del ganar o perder en un juego y en la propia la vida.

Lo interesante es que a partir de anécdotas, aparentemente irrelevantes, que no van más allá de lo accesorio, Daulte, logra ilustrar con precisión el arquetipo femenino, al tiempo que genera varias interrogantes. ¿Qué significa ganar? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por una victoria? ¿Qué tan oscuros pueden ser los límites y los intereses de estas mujeres aparentemente inofensivas cuando es mucho lo que está en juego?

El elenco integrado por 12 actrices, que representan a las 10 jugadoras, la entrenadora y una traductora húngara a la que no le quedará nadie por engañar, transmite una gran cohesión y energía grupal.

El acondicionamiento de la sala como un vestuario es efectivo y verosímil. No obstante, dependiendo de su ubicación, el espectador deberá luchar por eludir cuatro columnas, que le obstaculizan la visibilidad de la obra, una gran contra de la nueva sala teatral.

Pero en síntesis, Vestuario de mujeres resulta un espectáculo interesante, diferente, que deja ganas de ver su correlato masculino. Afortunadamente, Moreno ya está trabajando en él, y prevé su estreno en setiembre próximo.

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