Deberes municipales pendientes
La Intendencia apela a un fideicomiso para intentar encarrilar el tránsito montevideano y ganarle a la suciedad
Es razonable la nueva orientación de recursos proyectada por el intendente Daniel Martínez. Pero es solo parte de los cambios necesarios en el gobierno de Montevideo, que incluyen mejorar la pobre imagen pública acumulada durante un cuarto de siglo bajo administraciones del Frente Amplio. El actual secretario general Fernando Nopitsch explicó a El Observador TV que la idea es concentrar los ingresos en temas prioritarios que “si no los realiza la intendencia, no los realiza nadie”, como el tránsito urbano y la limpieza. La Intendencia de Montevideo está limitada por la escasez de recursos, que incluso forzó a Martínez a postergar pagos a proveedores para poder pagar los sueldos cuando asumió. Arrastra un déficit anterior de US$ 421 millones, en gran parte consecuencia del desastroso gobierno municipal anterior de Ana Olivera.
Para salir de este atolladero y apuntalar claudicantes servicios públicos, Martínez planifica recurrir a dos instrumentos principales. Uno es que la Junta Departamental apruebe un fideicomiso por US$ 250 millones para solventar las obras que proyecta. El otro es que el gobierno nacional se haga cargo de costos que actualmente involucran también a la intendencia. En este grupo figuran programas de asistencia social, vivienda, salud y cultura. Pero están pendientes tanto la aprobación gubernamental de este curso como la eficacia del uso de los fondos del proyectado fideicomiso, si es finalmente acordado. Aun en ese caso no es seguro que todo alcance para encarrilar el caótico y peligroso tránsito montevideano y ganarle a la suciedad urbana una batalla que hasta ahora va perdiendo.
Hay decisiones relativamente sencillas y sin costo, como terminar con las calles angostas de doble mano y la proliferación de semáforos y lomos de burro, puestos sin ton ni son. Pero se necesitan obras como la erección de pasos elevados para agilizar el tránsito y evitar accidentes, ampliación de vías rápidas, construcción de estacionamientos y mejoramiento del transporte urbano para inducir a la gente a utilizarlo más y dejar los autos en sus casas. La lucha por la limpieza conlleva dificultades que han derrotado a las intendencias anteriores, incluyendo el tránsito impune de los carritos de hurgadores y combatir la desidia de muchos ciudadanos en la disposición de residuos.
Aunque se logren avances en estos campos, la intendencia necesita también crear una imagen de eficacia y transparencia que está ausente desde muchos años. Se requiere información pública sobre sus gastos en las diferentes actividades de la comuna, los ingresos de personal y otras áreas que se han manejado tradicionalmente con más sigilo oscuro que claridad. Los montevideanos tienen el derecho, ignorado hasta ahora, sobre el destino de los altos impuestos que pagan y que se esfuman en erogaciones ignoradas sin mostrar, por lo menos, resultados positivos en los incompletos servicios que les proporciona la intendencia. La tarea que tiene por delante Martínez es tan ardua como compleja. Pero tanto importa lo que haga como lo que comunique con transparencia y claridad, para que los ciudadanos de Montevideo, el 40% de la población del país, puedan mirar mejor el futuro luego de una sucesión de inefectivos gobiernos municipales.