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Las banderas mitad celestes, mitad blancas estaban muy quietas. Los datos de los politólogos en los televisores no eran alentadores y los militantes de la Plaza Matriz estaban serios y preocupados.

Pero de pronto, llegó el milagro. Óscar Botinelli y Luis Eduardo González variaron los pronósticos y el Partido Nacional entró en el balotaje.

Las banderas comenzaron a flamear al ritmo del “Baile del Qki” y la sonrisa ganó los rostros nacionalistas.

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