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La ciudad congoleña de Bunia se convirtió en una urbe "fantasma" dentro de una zona amenazada por actos de extrema violencia que, según responsables de la ONU, recuerdan el genocidio ocurrido en 1994 en Ruanda.


Los 700 soldados de MONUC encargados de mantener la seguridad en la ciudad bajo liderazgo uruguayo están desbordados y no recibirán refuerzos hasta el uno de setiembre, en que está prevista la llegada de un destacamento de Bangladesh. La fuerza internacional se desplegará a petición del secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Ambos países y sus aliados rebeldes congoleños controlaban el noreste de la RDC durante el conflicto congoleño, en el que también estuvieron involucrados Angola, Namibia y Zimbabue.

La situación en Bunia es "muy volátil", explicó la coordinadora adjunta para asistencia humanitaria de la ONU, Carolyn McAskie, a su regreso de una misión en la capital del distrito de Ituri, en el noreste de la República Democrática de Congo (RDC).

Los combates enfrentan principalmente a tribus hemas y lindus, cuya rivalidad de varias décadas se vio exacerbada con la guerra iniciada en 1998 en el Congo entre milicias apoyadas por diferentes países de la región.

La alta funcionaria describió una situación de terror y preocupación por lo que pueda ocurrir en el resto del distrito de Ituri, donde se han denunciado casos de canibalismo.

Los combates en Bunia y sus alrededores habrían causado la muerte de unas 300 a 400 personas en las tres últimas semanas, según cálculos de la ONU.

Pese a los esfuerzos humanitarios de la ONU y de algunas organizaciones no gubernamentales, los desplazados viven en condiciones miserables y apiñados bajo refugios de plástico.

"Además de este cóctel de diferentes grupos rebeldes que luchan entre sí", hay líderes que incitan "al odio étnico" como un "instrumento político", comentó McAskie, para agregar que los ataques con machete no son exclusivos de los hombres, sino que también se han dado entre mujeres y niños.

(EFE)

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