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El sonido aflautado y chirriante de antiguos jingles de pasadas campañas electorales sonó entre las modernas paredes de la Torre de las Telecomunicaciones y, detrás de esa mezcla extraña, estuvo el expresidente Luis Alberto Lacalle. Fue él quien el miércoles 15 durante el festejo de los “30 años del Herrerismo” expuso una especie de testamento en el que, frente a las viejas y las nuevas generaciones del sector, entregó simbólicamente una bandera que portó durante más de tres décadas.

Así como su abuelo Luis Alberto de Herrera marcó la vida del Partido Nacional durante la primera mitad del siglo XX, Lacalle lo hizo a partir de la década de los 80 tras fundar el Consejo Nacional Herrerista. Y, a sus 71 años, Lacalle quiere dejar sentadas las bases de lo que se podría llamar un “tercer Herrerismo”.

Porque la idea del ex presidente es que el sector prevalezca como una corriente de pensamiento indispensable. “Cuando en 1982 fundamos el grupo pensamos en nombres como Unión Popular y otras tonterías. Pero al final le llamamos Herrerismo. Si había otros ismos, nosotros teníamos que hacer durar el nuestro”, dijo Lacalle, mientras en primera fila lo escuchaban los aspirantes a precandidatos presidenciales del grupo para las próximas internas.

“Otros serán los abanderados en el futuro, no yo. Esa es la primera tarea que tenemos por delante. Aboquémonos a ella con fraternidad y empuje, con ambición pero con prudencia”, les dijo a su hijo el diputado Lacalle Pou, a la diputada Ana Lía Piñeyrúa y al senador Luis Alberto Heber.

Y les recordó cuáles fueron algunas de las medidas que, según estimó, jalonaron su gestión de gobierno (1990-1995) y que, espera, sean la matriz de la que nazca la tercera época de la corriente que fundó su abuelo. “Sí al Estado, pero no al estatismo. El Estado tiene que estar, entre otras cosas, para asegurar salud y educación para todos. Pero no para refinar petróleo ni para manejar teléfonos”, señaló Lacalle. Dijo que las ideas de esa corriente, que todavía lidera pero que empieza a mirar desde la distancia que le dan los años, no pueden apartarse de los valores de la civilización “grecoromana y judeocristiana”.

“El individuo tiene que ser la base de la sociedad y el ámbito fundamental de transmisión de valores”, consideró. Precisó que ante las propuestas de matrimonio igualitario, el Herrerismo debe defender la utilización de esa figura jurídica para la unión entre el hombre y la mujer, y otorgarle, por otra vía, todos los derechos a las parejas entre personas del mismo sexo.

En cuanto a las políticas hacia los más pobres, Lacalle sostuvo que es necesario mantener los beneficios ya otorgados a través del Plan de Emergencia pero buscando una contrapartida. Como salida a esa situación sugirió que se libere del pago de los aportes sociales a aquellas empresas que contraten personas que ahora no trabajan pero reciben subsidios del Estado. Acerca de las políticas educativas, llamó a liberar la enseñanza “de las garras del gobierno” y emprender una “marcha hacia el norte” para generar posibilidades de estudio en esa zona del país.

Después de otras sugerencias, convocó a sus seguidores a abrirle los brazos a los que quieran sumarse a la causa. Porque, dijo, el Herrerismo no puede ser un club selecto y, como enseña el Nuevo Testamento, no es bueno hacer diferencias entre los primeros apóstoles y los últimos evangelizados.
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