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El desencuentro entre las dos visiones dentro del gobierno respecto a los principales lineamientos del manejo de la política económica, se trasladó ahora al terreno de qué variable debería recibir mayor atención de parte de las autoridades: la competitividad o la inflación. El director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Gabriel Frugoni, cuestionó los objetivos macroeconómicos impulsados por el Ministerio de Economía y el Banco Central y urgió a adoptar una política más activa para defender la competitividad regional.
En una entrevista concedida a La Diaria, el responsable de la OPP y uno de los principales asesores del presidente José Mujica en materia económica, señaló que “sería necesaria una política que pueda contrarrestar (los efectos causados por) las políticas de emisión de Estados Unidos”.
En su reunión trimestral, el Comité de Política Monetaria del BCU resolvió aumentar un cuarto de punto la tasa de interés de referencia, a 9% anual. La medida desequilibró la balanza de prioridades de la autoridad monetaria en favor del combate inflacionario y en perjuicio de la competitividad a través del tipo de cambio.
De hecho, ayer el Banco Central de Brasil resolvió recortar un cuarto de punto su tasa, a 7,25%. La divergencia en las políticas aumenta el diferencial de tasas y agrava aún más los problemas competitivos con el principal socio comercial del país. El dólar en Uruguay reaccionó ayer a la baja 0,85% y se ubicó a
$ 20,257 en el promedio interbancario. Incluso llegó a tocar un piso de
$ 20,19 en la última operación. Desde que el Copom subió la tasa el billete verde cayó 3,8%.
Según dijo Frugoni, la política económica debe asegurar una “complementariedad productiva con la región”, y agregó que “hoy hay presiones inflacionarias pero va a haber seguramente necesidades por el lado de la competitividad”. En ese sentido, reconoció: “es toda una definición para la izquierda, donde tenemos diferencias”.
Precisamente, esas diferencias se dan respecto a la visión de Economía y de la autoridad monetaria, quienes están al frente de la conducción macroeconómica.
Y esa divergencia ayer se hizo explícita. A pocas horas de publicada la entrevista a Frugoni, el portal en internet de Presidencia de la República difundió una nota de prensa en la cual el director de la Asesoría Macroeconómica del MEF, Andrés Masoller, analiza el dato de inflación de setiembre
–publicado la semana pasada–, y defiende las prioridades en materia macroeconómica y la decisión del Copom –de hace 15 días– de subir la tasa de referencia.
Según señala Presidencia en su nota, “Masoller puntualizó que la inflación es el principal desafío macroeconómico que enfrenta el país” y que “hasta el momento no existe un problema global de competitividad”. Si bien reconoce que algunos sectores exportadores pueden enfrentar algunas dificultades, atribuye esa situación a la coyuntura externa. “Algunas ventas a Europa se han cancelado por la situación de ese mercado y no por un problema de competitividad”, dijo. De esta forma, el número tres de Economía desvinculó las variaciones cambiarias de los problemas de competitividad.

El despegue de Brasil
Tanto la inflación como la competitividad por tipo de cambio son vistos por los analistas privados como fuente de tensión para la economía uruguaya, más aún a la luz de la decisión del gobierno brasileño de profundizar su política monetaria expansiva.
Si bien existen, al igual que en el gobierno, dos visiones sobre cuál debe ser la prioridad hoy en día, el diagnóstico de cómo se llegó a este punto es compartido: el desequilibrio fiscal y el relajamiento de la política salarial, se encuentran detrás de la inflación en términos estructurales. En setiembre, el alza de precios interanual se disparó a 8,64%, muy por encima del rango meta de entre 4% y 6%.
Ramón Pampín, de la consultora PwC, calificó como acertada la elección del objetivo inflacionario como prioridad. “Es importante que la aversión a una inflación de dos dígitos sea el gran fantasma”, señaló. Pero sostuvo que la estrategia del gobierno de reducir las presiones al nivel de precios convalidando un dólar más bajo, “es la medida más rápida aunque no necesariamente la mejor ni definitiva”.
El economista Javier de Haedo, en tanto, cuestionó la suba de tasas como instrumento para controlar la inflación. “De esa manera, reducir la inflación en pesos implica subir la inflación en dólares”, lo que deteriora la capacidad competitiva del país. La única alternativa al ajuste por tipo de cambio es un cambio en la política salarial y fiscal, según De Haedo.
Masoller, por su parte, sostiene que el déficit fiscal es “muy moderado” y “no está presionando a la suba de la inflación”. Por el lado salarial, sostuvo que “se está notando un menor crecimiento”.

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