Dos teatreros con olor a irreverencia
El autor y actor uruguayo Agösto y la directora argentina Maruja Bustamante estrenan Olor a pobre en ambas márgenes
Alguien podría confundirlo con una verdadera diva; es histriónico, lleno de gracia y hasta tiene un nombre artístico. Sin embargo, Agustín Silveira (de ahora en más utilizaremos su nombre artístico: Agösto) está en el living de un pequeño y bohemio hotel en la Ciudad Vieja hablando de una obra que se llama Olor a pobre. En Uruguay la puesta subirá este viernes a la sala teatral Lindolfo, en tanto, en Argentina, ya se estrenó en el flamante teatro El Extranjero.
“Yo quiero una foto con este cuello cerrado”, le solicita entusiasmado al fotógrafo de El Observador, que se sorprende ante su histrionismo. A su lado se encuentra la directora argentina Maruja Bustamante, a quien delegó la puesta en escena, en la que ambos explotan desde que empieza la obra. Y es que juntos son capaces de generar un ambiente distendido, que invita al espectador a jugar y distenderse. Tienen el don de divertir y divertirse, pero también de encarar proyectos serios, aunque el humor sea el protagonista excluyente.
Olor a pobre versa sobre un grupo de artistas europeos que está ensayando un “espectáculo teatral de vanguardia”.
La líder del grupo, Europa, pretende lograr un espectáculo interdisciplinario, moderno, y que constituya un aporte respecto del tema de la diversidad. Lo irónico es que durante el proceso se integra Carlos, un peruano que viaja desde hace dos años por el viejo continente tocando la quena. Todos llegan al consenso de que su olor es insoportable y se deciden a decírselo para encontrar una solución.
¿Cuál es el punto de partida de esta ironía?
Agösto (A). Una vez estaba haciendo un espectáculo como actor invitado en la Comedia Nacional y estaba comiendo tangerina en la platea del Solís. Pasó una actriz a la que yo le caía bien y me dijo: “Que olor tan peculiar”. Y a mí me dio bronca el tono de ese comentario acartonado. Entonces le dije: “Sí, es como olor a pobre”. Pero lo peor es que ella, condescendiente, reforzó: “Sí, es como olor a niño pobre”. No me olvidé más ese comentario. Sabía que en algún momento lo iba a utilizar.
En 2009 cuando el Ministerio de Educación y Cultura me eligió para representar a Uruguay en un taller de dramaturgia en Barcelona, donde exigían llegar con una obra corta que se pudiera representar empecé a preparar Olor a pobre. Quería abordar los clichés de cómo un continente ve a otro, y de cómo gente supuestamente abierta y “pro” cae en la discriminación.
¿Qué tan autobiográfica es esta obra?
A. Hay muchas partes del texto que las tomé de experiencias propias. Por ejemplo, en el taller era el único latinoamericano. Además era un espacio en el que se hablaba todo el tiempo de Europa. Yo escribo muy autobiográficamente, aunque después me delire. Incluso esa situación de que te digan que tenés olor y que te pidan que te bañes, la viví en carne propia. Creo que lo que pasaba era que hacía días que no me cambiaba la camiseta. (Se ríe con desparpajo y su risa contagia a todos los presentes.) Pero, finalmente la situación me pareció genial, supermaleducada por lo que luego pude aprovecharla.
¿Por qué eligió a un peruano como protagonista?
A. Porque me pareció que se corresponde más con el cliché que suelen tener los europeos de los latinoamericanos, como sinónimo de indígena e ignorante. Probablemente varios del curso, incluso se hayan pensado que era peruano.
¿Por qué Europa, si también en Latinoamérica hay una gran discriminación frente a lo indígena?
A. Me pareció que si ese cliché de peruano funcionaba incluso entre los latinoamericanos, mucho más en Europa. Para mi decir olor a pobre u olor a negro, y asociarlo con algo negativo es tremendo. Cada uno tiene el olor que tiene. Me gustaba que a través de este tema tabú del olor a pobre surgiera la otra pobreza: la espiritual. Pero este tipo de pobreza no solo está presente en el personaje de Europa, también lo está en el propio Carlos (el peruano).
¿Y cómo caracterizaría la puesta?
Maruja Bustamante (MB). La puesta es muy sintética. Opté por un garaje como único. (Agösto había ideado más espacios.) Quizá porque como dramaturga tengo el vicio de la condensación, pero también porque era una puesta que se iba a estar trasladando. Me propuse parodiar un espectáculo de vanguardia. Hay video, video en vivo, bailes, y muchos colores.
Optó por un vestuario bastante histriónico...
MB. Sí. Preferí trabajar con la artista plástica Candelaria Aaset. Me gusta incorporar a artistas de otras disciplinas, para romper el hermetismo que a veces tiene el teatro. En Buenos Aires pasa que se estructura todo. Desde el 90 se han puesto de moda ciertos axiomas “intocables” para lograr un buen teatro que me molestan.
Se suele apelar a una actuación medida. O se dice que en una buena obra ya no se debe fumar ni tomar, ni llorar o golpear la mesa. Y ese tipo de esquemas si solo se siguen para ser aceptados, me molestan.
Creo que el teatro fue creciendo y ahora tiene más herramientas a su favor. Puedo tomar varias estéticas y disciplinas y mezclarlas como una gran masa.