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Siempre que Jorge Drexler vuelve a Uruguay, parece hacerlo a lo grande. El músico, que está radicado desde hace años en España, aterrizó el pasado jueves para presentarse por partida doble en el Auditorio Nacional del Sodre. Esta vez lo hizo con un nuevo disco bajo el brazo: Bailar en la cueva.

El nuevo álbum del cantautor representaría la consigna tanto musical como estética para lo que sería la primera de sus dos presentaciones en Uruguay. Antes de que Drexler y sus músicos pisaran el escenario, el Auditorio Nacional del Sodre se veía ambientado con una cumbia electrónica que adelantaba lo que estaba por venir: una noche de movimiento.

Cuando finalmente las luces se apagaron y las palmas de recibimiento comenzaron a hacer ruido, Drexler y su banda sorprendieron a la audiencia con una pequeña coreografía en la que mostraron, de manera simpática, sus pequeños dotes como bailarines.

Lo que siguió fue un show de más de dos horas que desde un punto de vista técnico fue impecable. La austera escenografía, conformada por una gran pantalla de colores cambiantes, un ejército de luces y un gran bola de espejos, funcionó de manera espléndida para crear una discoteca simulada en el Sodre y nunca perder en el foco en el músico.

A nivel musical, la propuesta también cumplió con creces. Drexler y su banda, integrada por siete músicos originarios de países como España e Italia, recorrieron gran parte del repertorio del cantante. Con una impronta que mezcla lo folkclórico con lo tropical, Drexler presentó una gran parte de los temas que integran su último álbum (Universos paralelos, Luna de Rasquí, Bailar en la cueva, entre otros) pero tampoco se olvidó de las canciones que más resuenen en el público uruguayo, canciones de sus anteriores trabajos como Todo se transforma, Guitarra y vos y Deseo, que fueron coreadas por todo el Auditorio del Sodre.

Fiel a su estilo, Drexler también se tomó una porción del show para, sólo junto a su guitarra, conversar con el público, hizo lugar a pedidos de canciones y hasta se animó a improvisar unas rimas para hacer reír a la audiencia.

¿Y el baile? Hubo, poco pero hubo. Si bien el público vio gran parte del concierto sentado, la arenga de Drexler y la presencia sobre el final de estudiantes de la Escuela Nacional de Danza hicieron que parte del Sodre se animara a tirar unos pasos y bailotear entre las butacas.

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