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Hugo Kugija, AP. Ahora se levanta aquí una fábrica de 100 millones de dólares. Han plantado un retoño de árbol cerca de la entrada y Teresa Ríos aguarda ansiosamente bajo el remedo de sombra que le ofrece.

Sin embargo alienta esperanzas. Lleva dos semanas en un empleo que le paga unos 10 dólares diarios. Al igual que el arbolito incipiente se abre a la vida. Y considera la fábrica de refrigeradoras de Electrolux como el camino a un futuro mejor.

La fábrica de Electrolux ha provocado muchos efectos: ha eliminado empleos en Greenville, Michigan, donde Electrolux cerró una planta antes de mudarse aquí. Y al igual que otras empresas, ha transformado Juárez y el desierto de Chihuahua en una meca del capitalismo.

Lozano, de 27 años, fue contratado en diciembre por Electrolux como el empleado número 2319. La planta ya emplea un poco más que la que tenía en Greenville y promete ser el doble de grande. Sobre la base de una tasa de 11,5 pesos por dólar, los trabajadores en Juárez ganan en un día lo que sus contrapartes en Greenville ganaban en una hora o menos. Para la empresa el cálculo era fácil.

En su trabajo anterior, en una empresa mayorista de carne, ganaba más o menos lo mismo pero trabajaba el doble, por lo general 12 horas diarias y siete días a la semana. Vendía y entregaba carne procesada, jamón y fiambres a cadenas de almacenes, trabajando a comisión.

"Mis chicos tendrán lo que yo no tuve", dijo. "Tendrán más de todo. Saldrán más. Yo perdí la oportunidad de ir a la universidad porque tuve que trabajar".

Con una tasa de crecimiento casi el triple que el promedio de México, Juárez es ahora la cuarta ciudad del país y crece mucho más rápido que la ciudad estadounidense del otro lado del río, El Paso.

Se calcula que muchos de los abastecedores de la firma -moldes de poliuretano, plásticos, componentes eléctricos- construirán sus plantas allí pronto.

Los artículos como prendas de vestir y valijas se producen a menor costo en China. Pero otros, entre ellos las refrigeradoras, resultan más convenientes si son manufacturados al sur de la frontera.

Angélica Espinoza fue una de un centenar de personas contratadas por Electrolux en junio. Tiene 33 años, es madre soltera de dos varones adolescentes y se le está encaneciendo el cabello a los costados. Tuvo una niñez difícil cuidando a su abuela enferma y haciendo encargos para los vecinos por monedas.

Cuando llega a su casa después de trabajar a las 4 de la tarde cocina la cena, descansa una media hora y limpia la casa. Su lavarropas está roto desde hace algunos meses, de modo que todos los días lava un poquito a mano en el fondo de la casa.

"He tenido una vida muy dura", dijo. "Espero que Dios me ayude a tener una vida mejor".

Con las ganancias de su nuevo empleo en el departamento de reparaciones de Electrolux, Leonel Soto, de 26 años, compró un refrigerador nuevo y una televisión usada de pantalla grande que estrenó para ver en familia el partido de México con Angola en la reciente Copa Mundial de fútbol.

"Quiero dar lo mejor a mis hijos", dijo.

Marcas estadounidenses como Home Depot, Wal-Mart, Wendy's, Costco y KFC abundan tanto que algunos tramos de Juárez parecen más Estados Unidos que México. Uno de los símbolos más tradicionales de la ciudad es la Plaza de Toros. Pronto será demolida para dar lugar a un nuevo Wal-Mart.

Pero a la vez, Juárez ha crecido como centro del narcotráfico. Los tiroteos vinculados con las drogas son frecuentes. Y ha cobrado triste fama por los asesinatos sin resolver de centenares de mujeres, operarias de fábricas, cuyos cadáveres aparecen a la vera de los caminos.

"Los chicos ya no cuidan más el parque", se lamentó. "Los padres tienen que enseñarles a sus hijos que 'esto es de ustedes, no lo destruyan"'.

Quizás, sugiere, se debe a que "mucha gente no es de aquí y ésta ya no es más su ciudad. Sólo vienen para ver qué pueden conseguir, no les importa. Me gustaría volver a mis viejos tiempos. He pensado en tratar de mudarme a El Paso... Pero prefiero ir de visita. Juárez es mi ciudad".

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