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Ejemplo celeste

Este grupo de orientales es todo un ejemplo de valores de vida que desgraciadamente hemos ido perdiendo en nuestra sociedad

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13 de julio de 2018 a las 05:00

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Cuesta encontrar las palabras justas para describir la emoción y el orgullo que nuestra selección nos ha hecho vivir a todos los uruguayos en los últimos tiempos. Ellos tienen la magia de unirnos a todos en ese sentimiento.

Gracias por hacernos emocionar hasta las lágrimas, tanto en las victorias como en la derrota.

Este grupo de uruguayos, liderados por el maestro Oscar Washington Tabárez, nos ha renovado el optimismo para seguir trabajando por el Uruguay que queremos, y que ellos nos demuestran que es posible.

Un Uruguay unido, educado y solidario, pero a la misma vez aguerrido y luchador, capaz de competir de igual a igual con los mejores del mundo.

Más allá de su capacidad deportiva, la cual rayó niveles de excelencia, este grupo de orientales es todo un ejemplo de valores de vida que desgraciadamente hemos ido perdiendo en nuestra sociedad, y que todos deberíamos al menos hacer el esfuerzo para recuperarlos.

En primer lugar, el orgullo de pertenecer al Uruguay. Un país pequeño, pero de corazón grande.
¡Que no haya nada más lindo y emocionante que cantar nuestro himno viendo blandear a la más linda de todas!

La humildad y la sencillez como característica de nuestra identidad, en el convencimiento de que si bien tenemos diferencias entre nosotros, cada uno somos consecuencia del destino y de nuestras vivencias, pero ninguno es más que nadie.

El sentido de equipo como premisa de fortaleza, sin divisiones, convencidos de que el rival no está entre nosotros.

¡Qué mensaje más oportuno para contradecir esa división que desgraciadamente se ha cultivado entre los uruguayos en los últimos años!

No dejar prevalecer los intereses personales sobre el interés general.

"La política es la más noble de las actividades que el hombre puede ejercer, siempre que se realice con dignidad y grandeza, que el interés público o bien común sea el norte de la misma y que la presidan valores positivos. El odio, el resentimiento, la revancha y todo otro sentimiento negativo, conducen al fracaso de toda gestión pública" (Dr. Raúl Iturria, en su libro Hernandarias de tropero a estadista).

La entrega total y generosa, para lograr los mejores resultados para todos.

La prueba de que nada se logra sin trabajo, esfuerzo y determinación. Otra sería la situación de muchos compatriotas si tomaran este ejemplo, en lugar de sobrevivir acostumbrados a dádivas que le da el Estado.

Y que en cada puesto el que nos represente sea el mejor, simplemente basado en sus cualidades y aptitudes personales, y no por amiguismo y/o orientación ideológica.

El respeto a la autoridad y el cultivo de la solidaridad. Hoy día demasiados uruguayos están condenados a sufrir las consecuencias de una mala crianza (tanto de alimentación como de emoción), que los hace prácticamente insociables. No permitamos que a las generaciones venideras les ocurra lo mismo.

"La promoción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más efectiva para prevenir las desigualdades entre los hombres y entre los pueblos, para incrementar la seguridad, pues las víctimas de las penurias y las desesperanzas cuya dignidad humana se viola con impunidad son una presa fácil del llamado a la violencia y pueden convertirse en violadores de la paz" (Benedicto XVI, Asamblea Anual de la ONU, en 2008).

La enseñanza de que lo importante es el camino, y no la meta.

¿No será la hora de aplicar en nuestro día a día, todas estas enseñanzas y hacernos cargo de nuestro destino?

¿No será la hora de soñar en un proyecto país que esté por arriba de las personas y de los partidos, y que sea quien sea el que nos gobierne lo respete y simplemente haga los ajustes necesarios para garantizar el logro de sus objetivos?

Solo se terminó un sueño, y es tiempo para crear otros, porque de ellos vivimos.

¿Si nos dieron tantas sonrisas, cómo no le vamos a perdonar una lágrima?

¡Salud campeones celestes!
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