El adiós de Favio
Cineasta y cantante, Leonardo Favio desarrolló una carrera creativa donde el contenido político (en tanto incansable peronista) siempre estuvo presente
Para muchos críticos de cine Leonardo Favio, quien falleció ayer de tarde en Buenos Aires a los 74 años, víctima del agravamiento de una neumonía que sufría, fue el mejor cineasta de la historia de Argentina. Sin embargo, la base de su popularidad está sostenida en su carrera como intérprete y cantor melódico.
Peronista militante y convencido desde joven, en 1976, tras el golpe militar que dio paso a la dictadura (1976-1983), se exilió en Colombia y España, y no regresó al país hasta 1987, cuando retomó su carrera al empezar a filmar Gatica, el Mono, que se estrenó recién en 1993.
Desde aquellos inicios y este final, en el medio lo que queda es una vida llena de proyectos realizados, de años de viajes, de giras, de exilio, de vuelta a su país, de películas dirigidas antes y después de ese acontecimiento, de hechos polémicos vinculados a la política, de respeto y admiración por parte de sus colegas, de aprecio popular por parte de la gente a lo largo y ancho de América del Sur.
Una infancia dura
Quien luego sería Leonardo Favio llegó al mundo a finales de mayo, bajo el signo de Géminis, en el departamento de Santa Rosa, cerca de Luján de Cuyo, en la provincia de Mendoza. Lo bautizaron como Fuad Jorge Jury y era descendiente de siriolibaneses que trabajaban en esa zona donde abundan los viñedos.
El niño tuvo una infancia dura, con violencia y abandono paterno incluídos. Esas experiencias estarán en el cerno de sus primeras películas: Crónica de un niño solo y El romance del Aniceto y la Franscisca, de 1964 y 1966, respectivamente, dos películas muy reconocidas por la crítica y que bien pueden considerarse como parte del “neorrealismo argentino”. Aniceto... fue uno de los primeros destaques actorales de Federico Luppi.
Son historias filmadas en un riguroso blanco y negro, con un trasfondo social de pobreza y abandono, que pintan una sociedad fracturada por lo económico. Su principal influencia entonces era el director Leopoldo Torre Nilsson, para quien Favio actuó en varias ocasiones.
Quizás esa ausencia paterna le hizo a Favio, como a tantos, abrazar el peronismo como un sistema político que le dio lo que su familia no podía brindarle.
Ídolo de la canción
En 1968, diez años después del inicio de su carrera delante de cámaras, Favio pisó el territorio de la canción melódica, donde tuvo un éxito asombroso y veloz, llegando a competir cabeza a cabeza con el mismísimo rey de la canción del momento, Ramón “Palito” Ortega.
Favio decidió lanzarse sorpresivamente al canto profesional y su éxito fue tal que le permitió en varias oportunidades solventar gran parte de sus posteriores películas. Antes solo había cantado en reuniones íntimas.
Su debut como cantante le llevó al programa televisivo Botica del Ángel, conducido por Eduardo Bergara Leumann. Ese mismo día un ejecutivo de la CBS le propuso grabar un disco. Su primer sencillo fue Quiero la libertad, que resultó un gran fracaso. La productora entonces le aconsejó grabar Fuiste mía un verano, que no casualmente le dio nombre a su primer disco de 1968, que también incluyó otros éxitos como O quizás simplemente le regale una rosa.
Independientemente de la calidad de su cine, fue la música quien lo puso a la altura de las estrellas. En pocos meses, Favio debió abandonar la vida tranquila que tenía como cineasta, para acostumbrarse a un mundo lleno de fanáticos y conciertos interminables.
El éxito de Fuiste mía un verano le resultó tan abrumador que debió permanecer encerrado en su departamento bajo tratamiento médico durante seis meses. El artista confesó varios años después que su destaque musical le había hecho mucho daño.
No obstante su discografía superó los veinte discos de estudio. Los más vendidos fueron los primeros: Fuiste mía un verano (1968), Leonardo Favio (1969) y Vamos a Puerto Rico (1971), entre otros.
A su vez, los sellos vieron en Favio un excelente aliado para asegurarse altos índices de venta en diversos compilatorios. El último, 30 grandes éxitos I y II, salió al mercado en 2010.
Más cine
Juan Moreira y Nazareno Cruz y el Lobo fueron dos momentos importantes de su carrera fílmica. Luego vino la masacre de Ezeiza, el golpe y el exilio.
Cuando volvió a Argentina con la democracia, filmó Gatica, el Mono, de 1987. La historia del legendario boxeador admirado por el general Perón recibió el elogio de la crítica y el respaldo del público.
Entre 1996 y 1999 y por encargo del entonces vicepresidente, Eduardo Duhalde, Favio dirigió el documental Perón, sinfonía del sentimiento, sobre la historia del peronismo y la vida del tres veces expresidente argentino Juan Domingo Perón (1895-1974).
Ya con una enfermedad avanzada, en 2008 Favio volvió a versionar en Aniceto la historia que ya había filmado en la década de 1960.