El agro está creciendo
El agro uruguayo no atraviesa una situación de estancamiento ni mucho menos
Diga lo que diga la matriz del Producto Bruto Interno que lleva el Banco Central, el agro uruguayo no atraviesa una situación de estancamiento ni mucho menos. El agro uruguayo está creciendo y cambiando a un ritmo realmente interesante por su magnitud y su persistencia. Exceptuando a la granja, que tiene una situación difícil desde hace décadas, la ganadería, la lechería, la agricultura y la forestación tienen a sus productores dispuestos a crecer, pensando e invirtiendo. Y eso se traslada en indicadores muy claros. Crece la faena de vacunos y ovinos, y crece la población tanto de vacunos como de ovinos.
La cosecha de soja y maíz será récord, y la reciente Expoactiva Nacional confirmó una disposición a invertir en tecnología muy marcada.Son 10 años de transformaciones y de apuesta que no se han interrumpido.
Tal vez lo que más se destaque sea la soja. Un cultivo en torno al cual se ha construido todo un complejo agroindustrial que incluye estructuras de almacenaje como no las había, una industria metalúrgica que se ha vuelto exportadora, y un dinamismo que llevaría a quien recorra el interior hoy a encontrar un paisaje completamente diferente al que había ya no 10, sino cinco años atrás. Y no es un negocio concentrado que no derrama a la sociedad como suele caricaturizarse desde quienes no salen a ver la realidad al interior. Todo lo contrario. Hay una constelación de empresas medianas y pequeñas dedicadas a la siembra, al cuidado de los cultivos, a su transporte, laboratorios que analizan suelos, semillas y granos, empresas de transporte, agrónomos y mecánicos. Todos girando en torno a los agricultores que hace tres o cuatro años eran mayoritariamente empresas argentinas que arrendaban y hoy son cada vez más empresas uruguayas que aprendieron a hacer el cultivo y lo integran a sus actividades. Tampoco es una actividad que transforme solo el litoral. Las transformaciones van de Mercedes a Melo, de Artigas a Rocha.
Y la ganadería se ha adaptado a funcionar con menos área y más uso de pasturas sembradas y granos. La remisión lechera también ha crecido y lo ha hecho la forestación y los tres rubros exploran las interacciones que permitan que la sinergia entre ganadería, agricultura y forestación pase del dicho al hecho.
La mayoría de las empresas está pensando en crecer y sigue invirtiendo. Pero eso no quiere decir que un mes tras otro no se vayan sumando nubarrones en el horizonte. Las mismas nubes que van completando el cielo de las empresas exportadoras.
Porque también son 10 años en los que el dólar pasó de estar a más de $ 30 a estar a menos de $ 20 y de niveles de inflación mayores a los de países como Brasil y la mayoría del resto el mundo, excepción hecha de Argentina y Venezuela.
Inflación alta, dólar hundido y el gasoil más caro del mundo provisto por una empresa monopólica que da pérdidas son un combo que desanima y preocupa. Y la suba de los costos empieza a impactar en algunos rubros. Lo que no tiene una situación de auge de precios encuentra dificultades. Es el caso del trigo y el arroz. Cultivos en los que Uruguay logra producciones muy buenas pero que empiezan a perder pie. Porque con el costo país actual un rendimiento excepcional significa, simplemente, empatar.
La situación es la del salto de garrocha. Cada año un 10% más de costos, hasta que es muy posible que el esfuerzo anual de los productores no logre pasar la barra y la situación se vuelva estancamiento. Como ya ha pasado con los atrasos cambiarios anteriores. La cuenta del gasto excesivo del Estado, objetivamente medida por un déficit fiscal que supera lo programado, la paga la exportación. Y el agro tiene una vocación y un destino exportador.
El agro sigue creciendo, pero si no se advierten las fuertes señales que está dando con costos excesivos y conflictos en los que interrumpir las exportaciones es válido, llegará el día en que ese crecimiento se frene. Y cuando eso pasa, lo que viene después es doloroso. El país ya pasó por eso varias veces y parece acercarse de nuevo a un destino que no debería ser inexorable.