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Muchos todavía recuerdan ese raro Pilsen Rock montevideano de 2010, la primera vez que se presentó en Uruguay Queens of the Stone Age (Qotsa). Tras el show de No Te Va Gustar, banda que le antecedió, sus fanáticos emprendieron la retirada. Las primeras filas y la zona VIP comenzaron a vaciarse. Fue una sensación extraña: gran parte del público uruguayo no tenía planeado ver a los estadounidenses. Aquellos que sí los esperaban empezaron a quejarse y varios arriesgados cruzaron la valla para arengar debidamente a esta banda con una trayectoria impecable y un rock despiadado. Pero la presencia de seguridad hizo que esos intentos se frustraran y la VIP quedara semivacía. Los fans, apretados contra la valla, se tuvieron que conformar con ver a Josh Homme de lejos. Lo que sucedió el martes en La Trastienda fue todo lo contrario.

La sala resultó ideal para sentir desde los pies y hasta el pecho las vibraciones de uno de los rocks más intensos y densos que vivió el excine.

El quinteto impecable, de la mano de su frontman de calidad inició un show íntimo para los parámetros de sus giras, con un setlist diferente al que viene realizando y se apoyó fundamentalmente en su más reciente disco, ...Like Clockwork. Y el público supo aprovechar esta oportunidad: agolpado sobre la valla, una masa impenetrable de fanáticos corearon los riffs y poguearon como se lo debían.

La previa con el músico Alain Johannes (que supo tocar con la banda y actualmente lo hace junto a la esposa de Homme, Brody Dalle) solo a guitarra y voz fue más que apropiada para introducir al sonido distorsionado de Qotsa.

Con el aplomo de Keep your eyes peeled comenzaron a despuntar los pedales y se mantuvieron en lo alto pasando por You Think I Ain’t Worth a Dollar, but I Feel Like a Millionaire y el golpe certero de No One Knows.

El pogo y las cámaras en alto eran el denominador común. Pero estas últimas levantaron quejas. “No entiendo el tema con las camaritas”, se escuchó decir entre el público.

Y esto es algo que luego la banda supo compartir. La pesimista balada en piano Like Clockwork, aminoró la marcha y ofreció uno de los momentos más directos: con la sala casi oscura, Homme le cantó directo al público. Pero esa atmósfera fue interrumpida por un flash. “Apagá el flash y disfrutá del show”, espetó el frontman acompañado de la ovación del público. “Vivan el aquí y ahora. Es lo que siempre digo”, agregó. A partir de allí las luces del público se apagaron considerablemente.

Para Homme, la fiesta que se decidió a liderar continuó. Con la promesa de hacer “una noche para el recuerdo”, prosiguieron con la excelente y casi rollinga If I Had a Tail, seguida por Little Sister y Fairweather Friends, otro descanso del baile. Y de nuevo el golpe de gracia: la tríada Sick, Sick, Sick, First It Giveth y Go With The Flow para concluir previo a los bises.

El quinteto, conformado por el colaborador de siempre, Troy Van Leeuwen, y Dean Fertita, intercalando guitarra y teclados, el bajista Michael Shuman, el batero Jon Theodore, y la voz elegante y recia de Homme, sonó imparable y demostró por qué Qotsa es una de las mejores y más interesantes bandas de rock de hoy en día, gracias a un setlist repleto de hits que pegan como una piña en la cara. De aquí nadie se fue indiferente.

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