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El argentino que fue furor con la parodia de la canción Pollito Pío llega con su show a Montevideo

La obra Un Poyo Rojo se presenta hoy y mañana en la Sala Verdi; Luciano Rosso, uno de sus creadores, dialogó con El Observador

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12 de septiembre de 2018 a las 05:00

Hay danza, deporte y sexualidad en escena. Un Poyo Rojo, el éxito del underground argentino, se nutre de varias herramientas expresivas para contar una historia. Con la idea de hacer algo que tuviera que ver con la danza contemporánea, Luciano Rosso y Nicolás Poggi –creadores iniciales del espectáculo– descubrieron que mediante el movimiento y sin necesidad de hablar, podían narrar sus historias. Hoy la obra cuenta con casi diez años de recorrido y sigue más vivía que nunca. Su carácter original y descontracturado, su forma de comunicar bajo un lenguaje universal, y la capacidad de sus creadores de improvisar sobre el escenario –en el que están ellos solos con una radio que suena en vivo– hicieron de Un Poyo Rojo un show que trascendió fronteras. Actualmente la dupla escénica está conformada por Rosso y Alfonso Barón y cuenta con la dirección de Hernest Gaido. Con motivo de la IV Muestra Iberoamericana de Teatro de Montevideo Un Poyo Rojo llega por primera vez en Uruguay. Las únicas funciones son este miércoles y mañana jueves.

Días antes de aterrizar en territorio oriental, Rosso –muy reconocido tras la actuación humorística de la canción Pollito Pío que se esparció rápidamente por las redes– dialogó por teléfono con El Observador. El actor, que toma aquella parodia de más de cuatro millones de vistas como una anécdota, contó que a través de esta puesta desafía cada vez más su destreza y creatividad.

Una obra donde las palabras no son necesarias. ¿Cómo se logra eso?

Montamos esta obra que no tiene texto, pero tiene mucho lenguaje físico. De alguna forma contamos la historia mediante nuestros cuerpos y mediante una radio que usamos en vivo que permite que la obra sea distinta cada día, por eso llevamos tanto tiempo haciéndola y sigue tan nueva y viva cada vez. Trabajamos sin hablar, sin texto, pero porque tampoco es necesario. La creamos sin texto justamente para poder llegar a más público. Desde que estrenamos en 2009, lo hicimos a propósito para poder hacerla en Japón, Uruguay, Brasil o en Francia sin tener la limitación del lenguaje articulado. Teníamos ganas de viajar con una obra, con un formato chico, siendo tres personas nada mas, y casi sin escenografía, porque la conseguimos siempre donde vamos.

Considerando que Un Poyo Rojo se presenta hace casi una década se podría suponer que la historia que cuentan es sobre un tema atemporal. ¿Qué mensaje buscan dar?

Queremos transmitir, para empezar, que esta bueno juntarte con amigos, crear y hacer arte. Después, que al amor no hay con qué darle. Es un lenguaje universal y es para todos por igual. Justamente, la historia es sobre el primer beso, algo muy simple en lo que todo el mundo se reconoce. Lo que cambia cada vez son estos pequeños espacios de improvisación.

¿Esos espacios de improvisación son dados a través de la radio que suena en vivo?

Exactamente. Para mí la radio es el tercer intérprete. Es increíble lo que pasa. Es un recurso que está buenísimo porque es infinito. Salvo el tema del final, que es una cumbia de Lía Crucet, el resto de la música que suena viene de la radio, por lo que cambia todo el tiempo. Usamos una radio en vivo y vamos jugando con los locutores y música de las FM y AM.

La fusión de disciplinas artísticas y deportivas hizo, de alguna manera, de este espectáculo un género único en sí mismo.  

Fue un rejunte de un bagaje que traíamos tanto los intérpretes, como el director, de diferentes disciplinas. Teníamos ganas de contar algo desde todo ese abanico de oportunidades como artistas. Con Alfonso venimos del deporte, la danza, y el teatro, entonces necesitábamos hacer una obra nuestra que nos permitiera desarrollar o explayarnos en ese contexto utilizando todas las herramientas que traíamos que, además, eran un montón a pesar de que ninguno tiene una escuela hecha. Nos fuimos formando más por acá y por allá, diciendo “uy me interesa el teatro, el teatro me acerca a la música y estudio un poco de música, la música me acerca a la danza y estudio danza”. Alfonso hizo un poco más de escuela pero se aburrió y se fue, yo soy más del palo de lo autodidacta. Soy muy curioso, me llama la atención algo y voy atrás de eso. Esta es una obra que refleja un poco este espíritu.

¿Recuerda cómo fue la primera vez que se presentaron?

Me parece que la empezamos a presentar con un poco de pudor, después automáticamente nos dimos cuenta de que la gente estaba prendida fuego y eso nos dio confianza. Muchas veces como actor no sabés realmente hasta que la exponés la idea que tuviste. Cuando exponés tu trabajo al público es cuando sucede el teatro, antes son ensayos, no sabés qué va a pasar. La gente siempre fue una especie de termómetro para nosotros. Siempre nos gustó mostrar los procesos y ver qué es lo que sugiere el público, porque eso te permite seguir alimentando lo que estés haciendo, el hecho artístico en sí.

Desde hace unos años están girando por distintos países del mundo con culturas muy diversas entre sí. ¿Cómo los recibe el público cada vez que se presentan? 

Estamos viajando muchísimo por todo el mundo; y ahora estamos viviendo en Francia donde trabajamos hace cuatro años pero hace uno que decidimos quedarnos porque nos sirve como base para trabajar dentro de Europa y en el resto del mundo.  Estuvimos casi ocho años actuando en Argentina ininterrumpidamente y es uno de los países que mejor nos recibió pero también es porque somos de ahí. La obra la creamos ahí y con el público se genera algo único. Hace poco estuvimos en Nápoles y fue increíble lo que pasó, estaba todo el festival hablando de nuestra obra justamente porque era algo que iba por fuera del resto de las propuestas, y nos pasa muy seguido eso. Los públicos son siempre diferentes, el latinoamericano es más de demostrar en el momento ese fervor y ese fuego. No dudan en responder en el momento. Por ahí el público europeo es más reservado y te demuestra al final recién lo que les pasó. Es otra organización, pero el efecto de la obra sobre las personas es el mismo. Nos hace sentir que llegamos al lugar que queríamos desde la concepción de la obra que era llegar a la mayor cantidad de público posible. Hay mucha gente, por ejemplo, de Montevideo que nos escribe y que nos está esperando. Creo que se van a encontrar con una bomba para todos los sentidos. Ojalá que también se encuentren con ellos mismos y se diviertan también porque es una obra muy divertida.

La cita

Con dos únicas funciones, Un Poyo Rojo se presentará este miércoles 12 y jueves 13 de setiembre en la Sala Verdi. Las entradas pueden adquirirse a través de Tickantel o en la boletería de la Sala a un precio de $600.

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