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Uruguay concretó un valioso paso para certificar la inocuidad de sus exportaciones de arroz, que se agrega a la calidad reconocida, con la finalización del proyecto de determinación de indicadores de sustentabilidad ambiental asociados a distintos usos y manejo en el cereal que orienten buenas prácticas agrícolas.

El presidente de la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA), Ernesto Stirling, destacó que el cierre del proyecto refleja la inquietud que comenzó a generarse hace más de 20 años para conocer cuáles eran las restricciones para el ingreso a los mercados. Y, sobre todo, para tener un cuidado del medio ambiente en el uso de los fitosanitarios, el buen uso de los recursos naturales y las buenas prácticas agrícolas, más la capacitación de los recursos humanos.

Según la coordinadora de este proyecto, Natalia Queheille, los antecedentes del proyecto se remontan a 1993, cuando se cumplieron los primeros trabajos en un proyecto sobre residuos agroquímicos (INIA-LATU). Luego, en 2005 se suscribió el convenio de la cadena arrocera y en 2006 y 2007 se realizó el segundo proyecto sobre control de residuos de agroquímicos.

En 2007 se tomó la decisión estratégica de no sembrar variedades transgénicas y en 2008 se impulsó un centro de acopio de envases conteniendo agroquímicos previo a la entrada en vigencia del decreto que incluyó ese requisito obligatorio.

En 2010 se efectuó la evaluación de la huella de carbono para el arroz y desde 2010 hasta 2012 se cumplió el proyecto de agroquímicos. A ello se agregó el Manual de Buenas Prácticas Agrícolas que se había presentado en diciembre de 2009.

También entre 2010 y 2013 se realizaron talleres de seguridad laboral para trabajadores y productores arroceros en un convenio con el Banco de Seguros.

Lo que queda claro es un concepto de cadena en el sector arrocero, en el que intervienen no solo de productores y los industriales, sino también proveedores de servicios, insumos, la academia y organismos que trabajaron el proyecto presentado. Es una cadena no solo porteras hacia adentro, sino también porteras afuera, donde sobresale la posibilidad de certificar la inocuidad del arroz uruguayo y así darle más valor.

Por otra parte, a nivel de precios esta articulación arrocera puede trasladar atributos que son fundamentales, como un sistema productivo de bajo impacto ambiental con reducido uso de fitosanitarios, con buen uso de los recursos naturales y humanos.

Por otra parte, Daniel Gonett destacó que Uruguay, que es el séptimo exportador de arroz, sobresale por su sistema de producción diferente, por el bajo uso de diferentes insumos agroquímicos en relación a sus competidores y por las rotaciones de arroz-pasturas. En definitiva una producción sustentable, dijo. l

Un ejemplo del Uruguay agrointeligente

El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, dijo a El Observador Agropecuario que el proyecto sobre residuos fitosanitarios, que incluye una herramienta de control que se aplicó durante dos años, generó información que es un gran aporte para la detección de niveles de residuos de agroquímicos. Además, posibilitó la publicación de un Manual de Buenas Prácticas Agrícolas y articuló la participación de buena parte de la comunidad científica nacional, en la formación de capital humano y sumando capacidades, para lo que en síntesis “llamamos el Uruguay agrointeligente”, sostuvo Aguerre. Por su parte, la coordinadora del proyecto, Natalia Queheille, resaltó una frase del ministro Aguerre de que “nosotros envasamos naturaleza y exportamos calidad, pero para exportar esa calidad tenemos que lograr que sea reconocida mediante un sello que certifique que lo que estamos vendiendo es un producto inocuo para la salud humana, que estamos preservando el medio ambiente y todo el entorno arrocero, incluyendo el bienestar y la salud de sus trabajadores. Todo esto se logra trabajando en equipo, que es la fortaleza mayor que tiene el sector arrocero.

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