El cine a los ojos de Maiztegui
La editorial Planeta presenta mañana el libro Lo que el cine se llevó, donde el periodista despliega sus recuerdos cinéfilos
Por los ojos de Lincoln Maiztegui han pasado miles, millones de palabras. Lo suyo es la letra impresa. Pero, luego de más de cuatro décadas de periodismo e investigación, este hombre ha tenido una relación especial con lo visual, y específicamente con el cine, que ve desde niño. A pesar de este amor, como buen periodista y escritor que es, a Maiztegui igual le tira la palabra. Es a través de ella que traduce un cúmulo de emociones de horas y horas de cine que ha disfrutado a lo largo de su vida.
Mañana la editorial Planeta presenta Lo que el cine se llevó, un conjunto de artículos periodísticos y críticos sobre diferentes aspectos del cine, según el ojo, primero, y, luego, la pluma de Maiztegui.
Se trata de una antología a la que ahora le corresponde, inevitablemente, una segunda lectura, porque está compuesta de textos que ya salieron publicados, mayormente en el diario El Observador, pero también en otras casas donde ha escrito Maiztegui, como la desaparecida revista Posdata, y el semanario Búsqueda.
El libro está dividido por secciones, como directores, actores, actrices y necrológicas, entre otras. Son artículos que tienen fecha y, si bien hay muchos que son atemporales, casi siempre están conectados al tiempo presente en el que fueron escritos y poseen el ritmo y la mecánica narrativa de la prensa.
Como cuentas de un collar, van componiendo un mapa de la sensibilidad cinéfila del autor, que es amplia y diversa, inclusiva, por momentos rigurosa y por momentos más condescendiente.
Para empezar, Maiztegui se desliga del rol de “crítico de cine”, un sayo que no quiere vestir, quizás como salvoconducto para adentrarse en un mundo que se conecta con su propia anécdota vital, sus inicios infantiles, sus fanatismos adolescentes y luego el cine de la madurez, que posee análisis pero también una veta imprescindible de emotividad.
En todos sus años de actividad profesional, Maiztegui ha visto y ha escrito acerca de personajes tan disímiles como Gregory Peck y Leonardo Favio, Walt Disney o las películas del general Custer. Tuvo la chance de conocer de primera mano a directores, como el inglés Alan Parker (The Wall, Misisipi en llamas, Evita, entre otras) en Casapueblo, o con la actriz sueca Liv Ullman, musa de Ingmar Bergman.
La cabeza de Maiztegui en el invisible tiempo transcurrido del libro se transforma en la tapa del Sgt. Pepper’s de Los Beatles y entonces se entrecruzan películas recientes, como Django desencadenado y Zero dark thirty con actores y directores del viejo Hollywood, como Jules Dassin o Richard Widmark, Charlton Heston o Paul Newman.
Aparecen los grandes John Huston, John Ford, Luschino Visconti, Kubrick, Kurosawa, Zinnemann, pero también tiene su espacio la parte sonora del asunto, con Maurice Jarré y otros célebres músicos de cine.
Están Ives Montand, Gene Kelly, Marcello Mastroiani, Audrey Hepburn, pero también el crítico de cine uruguayo Homero Alsina Thevenet, en una entrevista concisa pero profunda. Y muchos más.
Maiztegui reivindica La ruta del tabaco de John Ford; lo deja pensando Match point, de Woody Allen; y eso es “lo máximo a que puede aspirar una película”. Defiende a Madonna haciendo de Evita, a Marlon Brando en Don Juan de Marco, se deleita con El golpe, con El gran escape, con Belle de jour y con tantas otras más.
El cine pasa por los ojos de Maiztegui y deja huella. Esas huellas las traduce a palabras y siempre vale la pena leerlo, tanto para coincidir como para disentir.