Por Ferdinando Cuturi
Director ejecutivo de Deres
Por Ferdinando Cuturi
Director ejecutivo de Deres
La Pandemia del COVID-19 es el mayor cisne negro que haya podido aparecer en la era moderna, multidimensional, su extensión y la magnitud de su afectación así como el tiempo que va a durar son inciertos hasta para el más experto.
Pero no podemos olvidar todo lo que allí estaba y nos preocupaba sobremanera antes de este Cisne Negro; todas las preocupaciones que las empresas responsables, las empresas que entendieron que el modelo de negocio tradicional consumidor de recursos humanos y naturales ya no tiene cabida, hace pocos meses asistimos a la presentación de manifiestos en favor del capitalismo de los accionistas o declaraciones dirigidas hacia los lideres de empresa, sobre la generación de valor para todos los grupos de interés, no solo los accionistas y asistimos a los compromisos que las grandes empresas asumían para llegar a ser Carbono neutro en horizontes de tiempo cercanos u otras empresas tomando compromisos por generar herramientas para la inserción laboral de millones de jóvenes en su primera experiencia laboral.
Esas declaraciones, compromisos, acuerdos sociales, se dieron en un entorno mundial de cambio climático y la clara necesidad de trabajar para evitar el aumento de la temperatura global, en medio del descontento social resultado de las inequidades y con liderazgos mundiales muy disímiles.
Lo cierto que como suele suceder el sector privado responde antes y asume un rol protagónico. Esta crisis global ha pausado esos compromisos que seguro deben ocurrir, no podemos retroceder, seguramente se seguirán identificando grandes oportunidades vinculado a la agenda de 2030.
Esta Pandemia nos está dando la invalorable oportunidad de repensar nuestra economía, nuestra lógica de abastecimiento, el vinculo con proveedores y empleados, se hace imperativo sostener la cadena de suministros y la cadena de abastecimientos con la misma importancia que la cadena laboral, sostener empleos, evitar la precarización de los mismos generando oportunidades que promuevan la inclusión social. A este rol está llamado el sector privado, acompañando a los gobiernos en la ejecución de medidas de apoyo a los más frágiles de la sociedad, con herramientas existentes o aquellas que se vayan creando.