ver más

Debutó con dudas y alta confusión el nuevo sistema de venta de dólares En Argentina, donde se evalúa “caso por caso” si el comprador tiene capacidad patrimonial y de ingresos, antes de recibir un permiso explícito para comprar la cantidad que las autoridades dispongan como límite.

Lo cual no evitó, claro, que igualmente el Banco Central haya debido desprenderse de unos US$ 100 millones, una cifra que a esta altura se puede considerar modesta en comparación con el promedio de US$ 170 millones diarios de la semana pasada.

Por lo pronto, para quien sigue el tema desde Uruguay, hay algunas cosas que quedan claras. Quien quiera hacer turismo en Buenos Aires hace un mal negocio si compra pesos argentinos en Uruguay. Si quieren agregar a su viaje el aliciente de sentir que pueden hacer una pequeña ganancia a costas de la inestabilidad argentina, les conviene llegar con dólares, venderlos en el mercado informal a la cotización “blue” –que es a la que recurren los compradores chicos y fue este lunes 13% superior al precio oficial, de 4,25– y ganar dos pesos uruguayos por cada dólar vendido.

Foco de atención
Durante todo el día fue la noticia excluyente, y los argentinos se dedicaron a tratar de entender cómo funciona el sistema online, donde luego de poner los datos personales y la cantidad de pesos que se aspira a cambiar por divisas, se enteran de si su solicitud es aprobada o rechazada.

Hubo poca demanda en el mercado minorista, con casas de cambios que no abrieron, o que sólo aceptaban comprar dólares pero que no vendían. Los empleados alegaban que todavía el sistema no estaba ajustado o que persistían dudas sobre el criterio a adoptar para autorizar o no la venta en situaciones dudosas.

Y entre los más preocupados están los turistas que pasan sus vacaciones en el exterior. Según las últimas estimaciones ascienden a cinco millones, y todavía no tienen del todo claro cuáles son los requisitos que deberán llenar para hacerse de los dólares antes de su viaje.

En el caso de quienes pasan las vacaciones en Uruguay, por ejemplo, no se especificó qué ocurrirá con los miles de viajeros que se desplazan en su propio automóvil o se hospedan en domicilios particulares y que, por consiguiente, no pueden exhibir como “comprobante” un pasaje de avión o de barco o una reserva de hotel.

¿Se rechazará en ese caso la compra de divisas por considerarse que no puede justificar una finalidad turística? No se sabe a ciencia cierta. Es posible que igualmente pueda comprar los dólares por concepto de ahorro. O si no, deberá resignarse a ingresar a Uruguay con pesos argentinos, lo cual será un mal negocio frente a un caso habitual: que las casas de cambio uruguayas muestran un spread extremadamente abierto entre las puntas compradora y vendedora.

Esta es apenas una de las tantas dudas que quedan en pie. Otra que no ha sido develada y que también importa a los turistas es si se podrá seguir cancelando las deudas en dólares de la tarjeta de crédito mediante el pago automático en internet, desde una cuenta en pesos.

Si ello fuera así, entonces alguien que viaja al exterior puede hacerse de los dólares, pero en vez de gastar los billetes verdes, hacer uso de su tarjeta de crédito que cancelará a la vuelta usando pesos convertidos al tipo de cambio oficial. Esto permite guardar los dólares adquiridos para el ahorro o para venderlos en el mercado paralelo. Luce como un excelente negocio para los turistas, que además de disfrutar sus vacaciones fuera del país podrían tener una ganancia financiera. Pero todo hace presumir que esa posibilidad debería estar vedada.

Es que las autoridades argentinas persiguen un doble propósito. El primero es, naturalmente, frenar la fuga de capitales a como dé lugar, porque ya el sistema financiero no puede soportar un nivel de US$ 3.500 millones mensuales de salida neta (que para colmo a esta altura debe ser solventado casi en su totalidad por el Banco Central).

A propósito, los veteranos del mercado financiero, basándose en las experiencias de los años ’70 y ’80, pronosticaron que si algo no va a faltar en esta nueva etapa de la Argentina es un vigoroso mercado paralelo. En pocos días, cuando quede algo más claro cómo funciona la nueva regulación, aparecerán los precios y se sabrá exactamente cuánto será el “plus” que deberán pagar aquellos que quieran saltearse el riesgoso paso de ser rechazado en el mercado formal.

Este lunes hubo muy pocas operaciones también en el mercado paralelo, lo cual dio lugar a que los funcionarios del gobierno festejaran haber ganado la batalla sobre los “arbolitos” y “coleros”, como se conoce a los compradores y vendedores profesionales que pululan por el microcentro porteño.

Pero es temprano para cantar una victoria total. La historia demuestra que cuando más duras han sido las restricciones, más se ha exacerbado el mercado negro y mayor ha sido la brecha entre el tipo de cambio oficial y la cotización informal.

Aunque hubo poco volumen, hay elementos para afirmar que el llamado “dólar blue” se situó por encima de 4,80 pesos, es decir 13% por encima del precio oficial.

Y el denominado “contado con liquidación”, como se denomina en la jerga bancaria al sistema por el cual las empresas sacan dólares del país a través de la compra y reventa de bonos, se ubicó en torno de 5 pesos, lo que implica un sobreprecio de 18% sobre la cotización del Banco Central. En este momento, todos los actores del mercado están tratando de determinar cómo puede verse afectado el funcionamiento del mercado inmobiliario, que prácticamente en su totalidad opera en dólares.
Seguí leyendo