El costo de sincerar el rango meta de inflación
El gobierno debe subir el rango meta para recuperar la confianza en la política antiinflación, pero eso implica un costo muy alto
Nadie cree en el rango meta. Ni los economistas privados, ni los empresarios, ni los sindicalistas. Pero aun así, el gobierno lo defiende a capa y espada. En diferentes oportunidades las principales figuras del equipo económico señalaron que una modificación del rango meta podría ser vista por los agentes económicos como una derrota en la lucha contra la inflación.
¿Por qué defender un rango objetivo en el que nadie cree? ¿Porque es una señal clara de la voluntad inquebrantable del gobierno de mantener a raya la suba de precios? Por supuesto que no. Hace ya 26 meses que la inflación se salió del rango de entre 4% y 6% trazado por las autoridades y desde entonces, no ha dado señales de volver a ingresar.
Muy por el contrario, el rango meta actual le quita credibilidad al combate contra la inflación. Hoy los sindicatos reclaman que sus salarios se ajusten con una perspectiva de inflación realista –tres puntos por encima del rango oficial– y no mediante una manifestación de voluntad por parte del gobierno que ni en el más optimista de los pronósticos tiende a materializarse.
Para restaurar la credibilidad perdida, las autoridades deberían trazar metas de inflación intermedias, que impliquen objetivos concretos y realizables en plazos explícitos. La victoria en pequeñas batallas alentará a los agentes a recomponer sus expectativas y alinearlas a la meta oficial.
Sin embargo, es un camino que tiene su costo. En el esquema actual de negociación colectiva, sincerar un objetivo inflacionario implica una mayor indexación. Los lineamientos del Poder Ejecutivo determinan que la inflación proyectada por la cual se definen los aumentos de salarios sea el centro del rango meta oficial, es decir, 5%.
Sincerar el rango llevaría a un mayor ajuste por inflación proyectada y eso, en un escenario de estancamiento de la productividad, tendría un efecto contrario al buscado. Es difícil cuantificar impactos, pero entiendo por qué las autoridades se muestran tan reticentes a subir la meta. Una mayor indexación salarial es un costo muy alto para apostar a una recomposición de la confianza en la autoridad monetaria, cuyo impacto en las decisiones de los agentes es imposible de prever.
Antes de pensar en recomponer la credibilidad del BCU, habrá que modificar los mecanismos de negociación salarial.