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Todos los instrumentos al servicio del combate a la inflación. Analicemos uno: los encajes bancarios. A través de un aumento del porcentaje de los depósitos que se exige a los bancos que mantengan fijos en sus cuentas del Banco Central, el gobierno puede forzar un encarecimiento del crédito y reducir así las presiones sobre los precios provenientes de la demanda interna.
Es una opción y una en particular que, algunos analistas entienden, puede estar a la vuelta de la esquina. De hecho, históricamente el gobierno ha adoptado ese instrumento para contener el alza de precios. Pero el contexto actual es muy diferente. Un conjunto de circunstancias dificulta la utilización de este instrumento, o más correcto sería decir: hace que su costo sea excesivo.
En primer lugar, veamos el efecto de la medida, evaluado a través de los bancos privados. Los libros de macroeconomía señalan que un mayor requerimiento de capital a las instituciones locales reduce su cantidad de dinero disponible. ¿Es cierto eso en Uruguay? Lo dudo. Los bancos tienen un considerable exceso de liquidez. Por cada cinco pesos que los bancos captan en depósitos, prestan solamente dos. El resto lo invierten, principalmente en títulos de deuda.
Ante una suba de los encajes, el costo del crédito se verá prácticamente inalterado porque a los bancos les sobran los depósitos para atender los requerimientos de sus clientes. Si los bancos no prestan más es por una falta de demanda, no porque estén faltos de fondos. Sí tendrán que recortar sus inversiones. Depende si esos encajes se suban en pesos o en dólares y en qué magnitud, el efecto sobre el tipo de cambio. Pero esa es otra historia. La conclusión más importante es que la medida obligará a los bancos a retirar su dinero de instrumentos remunerados para dejarlos anclados en el Central, con un bajísimo interés.
Y como dijo la semana pasada el presidente ejecutivo de uno de los mayores bancos privados del país, los bancos no están en condiciones de "hacer más sacrificios". En el primer trimestre, las 12 instituciones privadas ganaron en su conjunto US$ 333 mil, con rendimientos positivos solo en la mitad de las instituciones. Es cierto que a alguno le va mejor que a otros, pero ninguno alcanzó los estándares internacionales de rentabilidad en los últimos 12 meses y eso es un problema.
La principal preocupación del gobierno es la inflación, pero eso no quiere decir que sea la única. En unos días las autoridades negociarán con esas mismas instituciones un proyecto de bancarización que todavía tiene varios puntos de desencuentro. La pregunta es, ¿qué tan viable será esa negociación si el gobierno afecta, de entrada, los intereses de los bancos en un tema que les es tan sensible?

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