El desafío de alimentar a 1.300 millones de personas mientras las ciudades crecen
El gigante asiático tiene una agricultura extensiva en el norte, que es más pobre, y en chacras más pequeñas en el sur y este, donde están las grandes ciudades
Productores uruguayos visitaron campos con soja en China P. Silva (enviado a China)
China vive el desafío de alimentar a alrededor de 1.300 millones de personas y lo enfrenta con una agricultura que tiene dos caras: una en el norte y otra en el sur del inmenso territorio. Y con la omnipresencia del Estado como regulador de toda la actividad productiva, a pesar de que con las reformas políticas que comenzaron en la década de 1980 las reglas de juego se flexibilizaron.
Esa doble realidad fue la que pudo apreciar en los últimos días un grupo de productores, técnicos y empresarios de Uruguay y Paraguay, que cerrarán este fin de semana una recorrida de 15 días por China, invitados por la compañía de agroquímicos Tafirel y por Barraca Erro, una de las principales empresas del sector agropecuario uruguayo.
Por un lado, los chinos desarrollan una agricultura extensiva en los campos del norte, donde el paisaje se repite de manera similar durante una cantidad de kilómetros de campos sembrados en esta época con soja y maíz que parece interminable. Con la apertura política y económica, los agricultores han comenzado a tomar las riendas de sus negocios y a disponer de la tierra.
Sin embargo, la presencia del Estado en las actividades económicas relevantes no ha cambiado y, en el caso de los agricultores del norte del país, que son más pobres de los del sur, reciben el apoyo del gobierno con las semillas y los insumos necesarios para producir en tiempo y forma. Luego, a la hora de la cosecha, 80% de la producción hay que entregársela al Estado.
El gobierno también subsidia a través de los precios, ya que paga a los productores US$ 800 la tonelada de soja, cuando en el mercado de Chicago cotiza entorno a US$ 340 la tonelada.
Esa realidad pudo apreciar el grupo de uruguayos cuando recorrió Qiqihar y Nenjiang, en Heilongjiang, una provincia que trabaja para ser clave en el comercio de esa región. En la recorrida también se pudo apreciar que las herramientas para cultivar la tierra son las necesarias, pero no de la última tecnología.
En el campo se ven tractores pequeños y antiguos, así como muchos agricultores recorriendo las hileras de los cultivos con una asada en la mando a la vieja usanza.
Cada tantos kilómetros aparecen las casitas de los campesinos, todas juntas e iguales, al costado del camino o al pie de una montaña, que seguramente también estará sembrada con soja, maíz o lo que asegure la alimentación.
Lo moderno
Los molinos de viento para producir energía eléctrica comenzaron a ser parte del paisaje en las grandes extensiones agrícolas del norte de China. Si bien es la zona más pobre del país, existen ciudades nuevas implantadas hace poco. Arman un conjunto de edificios iguales en poco tiempo y le pasan una carretera por el medio.