El descrédito se puede revertir
Es necesario adoptar medidas efectivas que corrijan los desvíos y disuadan futuras caídas en tentación
De ser un tema más o menos secundario o soslayado, la percepción popular sobre corrupción en la función pública ha irrumpido en forma creciente como una pesadilla que desvela al sistema político. Es cierto, como se argumenta desde el gobierno, que estamos en mejor posición que otros países de la región. Las irregularidades constatadas involucran montos de entrecasa cuando se los compara con los muchos miles de millones de dólares trasegados en coimas, estafas y favores en Brasil, Venezuela y bajo el kirchnerismo en Argentina. Pero es un flaco consuelo congratularse por una gripe porque el vecino cayó con neumonía.
Hace muchos años que se venían confirmando hechos corruptos en los tres partidos mayores y en la estructura judicial, distanciados entre ellos y de resonancia pública pasajera. La atención se desviaba a otros temas una vez que los transgresores terminaban en la cárcel o al menos procesados, o eran sancionados por sus propios partidos. Sus casos, sin embargo, dejaban una sedimento negativo sobre la credibilidad y transparencia de la dirigencia política, que se ha ido acumulando de a poco en la opinión pública. El crecimiento gradual de esa percepción estalló finalmente en los últimos meses en torno a dirigentes del Frente Amplio, el Partido Nacional y el Colorado.
El caso más estridente fue, obviamente, el de Raúl Sendic, que renunció a la vicepresidencia de la República bajo el peso acumulado del título que no era, su desastrosa gestión previa como presidente de ANCAP y el traspié imprevisor de usar una tarjeta corporativa de crédito para unas ínfimas compras personales. El Frente Amplio se está viendo acosado adicionalmente por la seguidilla de irregularidades que están saliendo a luz en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). Previamente el Partido Colorado sufrió el impacto de las estafas de Cambio Nelson de la familia Sanabria, en tanto ahora el Partido Nacional se debate en el descrédito creado por las andanzas del intendente de Soriano, Agustín Bascou.
El resultado es que mucha gente tiende a meter en la misma bolsa a toda la dirigencia política, error que puede y debe revertirse. El remedio está en aprovechar cómo difiere la enfermedad en Uruguay. En otros países ha sido una epidemia generalizada, que infectó a la mayoría de los líderes políticos y empresariales en una maraña de negocios turbios entrelazados e imposibles de separar. En nuestro país, en cambio, se trata de acciones individuales o de pequeños grupos de jerarcas en algún área específica, como ocurre en ASSE. Al no estar contaminado todo el sistema, esta diferencia facilita aislar los casos que se detectan.
Pero para que el aislamiento sea útil, se requiere complementarlo con la rápida adopción de medidas efectivas, tanto partidarias como judiciales, que corrijan los desvíos y disuadan futuras caídas en tentación. Es esencial abandonar las idas y venidas, las excusas y los intentos de minimizar responsabilidades en que suelen caer tanto el oficialismo como la oposición. Si toda la estructura política toma este curso, se irán disipando el impacto generado por la corrupción de algunos jerarcas y dirigentes, la acrecentada conmoción pública y, sobre todo, la excesiva desconfianza con la que tanta gente hoy mira a quienes deben gobernarlos.