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Uno de los sueños que siempre ha tenido Cristina Fernández de Kirchner ha sido la posibilidad de emitir dólares. Es un tema recurrente en sus discursos, en los que suele lamentarse de que la moneda estadounidense sea la de reserva internacional, y de la acendrada costumbre argentina por atesorar los billetes verdes.

Tanto que, al instaurar el “cepo” cambiario, la justificación esgrimida por la presidenta fue que era necesario establecer prioridades para el uso de esa divisa, que aquí era escasa porque “los únicos que emiten dólares están en Washington”. En un discurso realizado el año pasado al lado del Nobel de economía Joseph Stiglitz no pudo reprimir esta exclamación: “¡Qué bárbaro sería si uno pudiera emitir dólares!”.

Ese fue el ánimo que inspiró la “batalla cultural por la pesificación”, que no dio los resultados esperados, ya que se comprobó que la preferencia de los argentinos por los dólares es dura de cambiar. Ante la evidencia de que el mercado inmobiliario se había desplomado, porque los propietarios preferían mantener sus departamentos varios meses sin vender antes que entregarlos a cambios de pesos, el gobierno se rindió a la evidencia.

Por eso es que los economistas creen que, detrás de la polémica por el blanqueo de capitales que acaba de anunciarse, lo que aparece es un intento de “emitir dólares”, o lo más parecido que esté a disposición.

El certificado llamado Cedin, que se entrega a quien traiga dólares no declarados y los deposite en el Banco Central es el centro de todos los análisis. En su planteo original, este papel está pensado para ayudar a dinamizar el mercado inmobiliario y la industria de la construcción. El “blanqueador” de capitales recibe el Cedin, que es nominal pero puede ser utilizado como un medio de pago, igual que un cheque. De manera que el tenedor de ese título puede, finalmente canjearlo otra vez por dólares, con la condición de que demuestre que ese papel fue utilizado para comprar una propiedad o para invertir en una obra edilicia.

El Banco Central se compromete a mantener como encaje todos los dólares que ingresen por el “blanqueo”, como forma de respaldar los Cedines y dar un mensaje de confianza respecto de la posibilidad de que el rescate se hará sin problemas, y en dólares.

Pero eso es el costado formal del asunto. Lo interesante empieza cuando los funcionarios explican que estos papeles podrán tener un mercado secundario. Es decir, cualquiera podrá comprar Cedines, utilizando pesos.

En los hechos, es una forma legal de comprar dólares y saltear el “cepo”, ya que se usan pesos para comprar un título por el cual el Banco Central se compromete a dar dólares.

El sueño del dólar propio

Hay todavía dudas sobre la “letra chica” de este instrumento y, sobre todo, de cuál será el volumen que se pueda generar. El gobierno se entusiasma con el eventual ingreso de más de US$ 4.000 millones de (y la consiguiente emisión de Cedines por el mismo valor), aunque los economistas de la oposición son escépticos y creen que el volumen real será menos de la mitad.

En todo caso, la sensación que existe en el ambiente económico es que el gobierno está intentando una jugada para superar ese problema que le quita el sueño a Cristina. Es decir, poder emitir un “cuasi dólar” y, de paso, resolver el problema del “dólar blue”.

“Como el gobierno no ha podido controlar al billete paralelo, entonces ha decidido crear uno propio”, define el economista Tomás Bulat.

Para algunos analistas, hasta podría hacerse una analogía entre esta nueva política y la convertibilidad que regía en los años ’90.

“Argentina, insólitamente, estaría protagonizando un milagro y cumpliendo en parte el sueño de Cristina Kirchner: poder emitir desde el Banco Central casi dólares, en rigor bonos en dólares cuasi-convertibles, honrando la memoria de Domingo Cavallo”, apunta el analista Guillermo Kohan.

“Si se cumple el objetivo de que se cree un mercado secundario, entonces parte de los pesos que hoy van al dólar blue irían a comprar esos Cedines, que funcionarían como un cuasi dólar. Esto le quitaría presión al mercado y podría caer el precio del blue, aunque claro que todo dependerá de la emisión monetaria: si los pesos crecen más rápido que los Cedines, el efecto se diluirá”, analiza, por su parte, Gastón Rossi, ex secretario de política económica.

Y no han faltado quienes creen que el nuevo sistema tiene parecidos con el régimen bimonetario que rige en Cuba, donde hay un peso en el que los cubanos cobran su salario (el CUP) y otro en el que cotizan casi todos los bienes y servicios, que es convertible “uno a uno” con el dólar (el CUC). En ese sistema, los afortunados que cobran por sus servicios en CUC (básicamente, los que trabajan con el turismo) forman un grupo privilegiado ante la mayoría que cobra en CUP.

El recuerdo de los “patacones”

Lo cierto es que, para muchos, lo que ocurrirá es que se corporizará, informalmente, la antigua aspiración de Axel Kicillof, el economista más influyente del gobierno, para establecer un desdoblamiento del tipo de cambio. No pudo convencer a Cristina de legalizar el dólar blue, al estilo de lo que se hacía en los ‘80, pero funcionará un sistema parecido en los hechos.

La gran duda es a qué precio cotizará este certificado. Como en todo mercado secundario, es seguro que habrá un descuento (ante la eventualidad de tener dólares de verdad o este certificado, todos querrán los billetes verdes), pero los economistas no se ponen de acuerdo sobre qué tan grave será.

En este contexto, los más escépticos han recordado la fallida experiencia de las “cuasi monedas” que emitían las provincias en la etapa final del plan de convertibilidad, en el año 2001. Como los problemas fiscales acuciaban y el gobierno no podía emitir pesos sin respaldo de dólares para asistir a los gobiernos provinciales, éstos emitieron bonos que podían ser usados como medios de pago.

En los hechos, empezaron a tener una moneda propia con la cual pagaban salarios de empleados públicos y cuentas de proveedores. Tenían nombres excéntricos como “Patacones” (en la provincia de Buenos Aires), “Lecor” (en Córdoba) o “Quebrachos” (en Chaco). La endeblez financiera de las provincias llevó a que rápidamente estas cuasimonedas se devaluaran, al punto que llegaron a cotizar debajo de 30% respecto del peso.

Paradójicamente, la propia Cristina Kirchner acaba de referirse al tema, recordando que uno de los logros de Néstor Kirchner al recién asumir su mandato fue pagarles con pesos a los docentes, que estaban en conflicto “porque se les pagaba con papelitos de colores”.
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