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El 26 de febrero de 2020, Brasil detectó su primer caso positivo de coronavirus, que también fue el primero en Sudamérica. Un año después, con más de 255 mil muertos vinculados a la enfermedad, el país aún no logra dar con la tecla justa para frenar el avance de la pandemia y desde junio pasado es el segundo en el mundo con más fallecidos por esta causa.

Mientras en algunos de los países mas golpeados por el virus, como Reino Unido o Estados Unidos, los casos vienen a la baja a pesar de las nuevas variantes, Brasil sufre una larga e incambiada segunda ola, que comenzó a inicios de noviembre y no da señales de aflojar. Mientras Reino Unido apeló al lockdown y a la vacunación masiva, Estados Unidos tuvo diferentes niveles de cierres de actividad según el estado, pero también se apoya en un fuerte nivel de vacunación. ¿Brasil? Ninguna de las dos: la vacunación viene lento y los niveles de cierre son muy diferentes según el estado, mientras que gobierno federal se niega a imponer medidas restrictivas.

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A diferencia de lo que pasó en Uruguay y en otras naciones, donde el aumento de contagios creció masivamente en las celebraciones de fin de año, Brasil vivió una baja, al menos en cuanto a los casos detectados, ya que los testeos han sido uno de los eslabones débiles durante toda la pandemia en el país vecino. El 26 de diciembre, luego de haber registrado un récord histórico en el mes —con más de 70 mil casos en un día—, se reportaron 17.246 nuevos casos, el 27 fueron 18.479, el 2 de enero 15.827 y al día siguiente 17.341. 

Pero pasadas las fiestas, a partir del 9 de enero, el Ministerio de Salud brasileño anunció cada semana picos semanales de 50 mil o más contagiados en promedio, algo que no tenía precedentes en el país, demostrando que la baja anterior seguramente era artificial. El detonante ocurrió en febrero, exactamente un mes más tarde, cuando los nuevos contagios, lejos de disminuir, rompieron la histórica barrera y sobrepasaron los 74 mil.

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Las muertes reportadas cada día empeoraron, al punto de que finalizaron el mes con un promedio de más de 1.000 por día. También allí la comparación con EEUU y Reino Unido deja mal parado a Brasil: si bien recién ahora los supera en cantidad de muertos per cápita, la tendencia brasileña es al alza.

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Las reacciones

Como consecuencia de los contagios, los gobiernos de diversos países reaccionaron cerrando escuelas, lugares de trabajo y fronteras para contener la propagación. El gobierno de Bolsonaro, en cambio, fue la excepción y siempre mantuvo una postura despreocupada por la pandemia. Tal como ha afirmado el propio jefe de Estado, la salud en el país, considera, "siempre tuvo sus problemas".

Pero algunos gobernadores y alcaldes de Brasil muestran una visión distinta. En 13 de los 27 estados se aplicaron recientemente medidas restrictivas para evitar el colapso sanitario, como toques de queda y cierre total de comercios, por orden de estos jerarcas. Incluso, los secretarios de salud estatales pidieron al Ministerio de Salud elaborar una estrategia conjunta para evitar el colapso total y que el escenario sanitario sea más favorable, pero no han obtenido respuesta.

En San Pablo, donde gobierna Joao Doria, uno de los líderes opositores a Bolsonaro, se dispuso una reducción del horario de bares y restaurantes desde el viernes, y ahora solo podrán funcionar hasta las 20. 

En Brasilia, donde la ocupación de las camas de CTI supera el 90% de su capacidad, el gobernador Ibaneis Rocha cambió el orden de las restricciones tres veces en menos de dos días. Al principio, había anunciado un toque de queda, con el cierre de todas las actividades, comercios y servicios. Luego, atendió las protestas de miles de empresarios que se movilizaron a bocinazos en sus vehículos y dio marcha atrás. Dispuso finalmente que hasta el 15 de marzo estarán habilitados los parques y servicios de atención a la población, como los bancos, las farmacias y estaciones de servicio.

farmacias, hospitales, veterinarias, entre otros. El gobernadorRatinho Junior, anunció que el estado pasa por "el peor momento de la pandemia".  Una medida similar rige desde este lunes en Río Grande del Sur.

Los servicios no esenciales estarán inactivos también en Santa Catarina durante el próximo fin de semana y el siguiente. 

De la preocupación al llanto

Rui Costa, lloró al referirse a las medidas que impuso para reducir los contagios en el estado que encabeza.

Costa definió el pasado jueves 

 "No me gustaría estar tomando decisiones como esta. Me gustaría que todos llevaran tapabocas. Incluso los que se consideran superhombres o son jóvenes. Si no es por él, al menos (que lo haga) por su madre, padre, abuela, pariente", dijo a la televisión brasileña tras el anuncio de las medidas.

El pedido de las autoridades sanitarias y la justificación que hay detrás

 que al día siguiente el ministro de Salud, Eduardo Pazuello, se refiriera a la suba de casos como una consecuencia de las nuevas variantes del coronavirus, diversos especialistas, como el epidemiólogo José Urbaéz, alertaron que el problema "no es la nueva cepa", sino la falta de "dispositivos de control de la pandemia", detalló a AFP.

TARSO SARRAF / AFP La paciente se somete a una operación en el hospital

 durante cuatro meses. "Algunos se quejan de que es muy poco, Dios mío, ¿alguien sabe cuánto cuesta (la ayuda) para todos ustedes?", dijo, según recogió CNN Brasil.

Con la finalidad de frenar el aumento del covid-19, Arthur Lira, el presidente de la Cámara de Diputados brasileña dijo que se reuniría con los gobernadores estatales para anunciar nuevas medidas y este lunes los secretarios estatales de salud publicaron una carta en la que subrayan que el país vive el “peor momento de la crisis de salud”. Entre las medidas que recomiendan, sugieren un toque de queda nacional de las 20 a las 6 horas, suspender la presencialidad en la educación y prestar especial atención a las regiones con más del 85% de camas ocupadas.

La principal preocupación, en relación a la suba de contagios, recae en el lento proceso de vacunación que arrastra el país. De momento, solo el 3.1% de la población de Brasil recibió —al menos— una dosis de una vacuna contra el coronavirus, en comparación al 17% que ostenta Chile, el líder de Sudamérica. De cada 100 personas, apenas 3,97 recibieron la inyección en el país que preside Bolsonaro, mientras que en la nación trasandina son 17,58.

A principios de febrero, Brasil registraba 9 millones de casos positivos y ahora reporta un total de 10,6 millones (crecieron 17,78%). Los vacunados contra el coronavirus en todo el territorio eran, por ese entonces, algo más de 2,1 millones y hoy, un mes más tarde, la cifra está por encima de las 8,43 millones de personas (creció +300%). Sin embargo, el ritmo de la vacunación aún no cubre —ni siquiera— la cantidad de positivos confirmados desde que inició la pandemia en el país.

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