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La isla de Hashima, también conocida como Gunkanjima (que significa “la isla del acorazado” por su forma similar a un barco) es un conjunto de ruinas de concreto de 60.000 metros cuadrados. Es una de las 505 islas deshabitadas de la prefectura de Nagasaki, en Japón.

Tiene 480 metros de largo por 150 de ancho. Y, en sus tiempos de apogeo, en la década de 1950, fue el hogar de miles de mineros de carbón. Los trabajadores y el terreno hicieron que fuese uno de los lugares con más densidad de población del mundo: vivían más de 5.000 personas.

La mina fue cerrada en 1974 cuando la veta de carbón dejó de producir.

El abandono le dio ese aspecto posapocalíptico que le sirvió de guarida al villano Raoul Silva, interpretado por Javier Bardem, en Skyfall, la última película de James Bond.

La Corporación Mitsubishi construyó en 1916 el primer bloque de apartamentos, de hormigón, con seis pisos de altura y balcones de madera. Un año después se levantaría allí el edificio más alto de Japón, en forma de E. Y así hasta 30 edificios más.

Lo que queda es el rastro que dejaron las personas: un televisor abandonado, platos de comida en una mesa, nombres de maestros en la pizarra de la escuela, una muñeca rota.

La isla llegó a tener hospital, restaurante, cine, escuela y templo. Fue abandonada en cuestión de días. La compañía ofrecía trabajo solo a los primeros en salir de allí y llegar a los nuevos destinos en tierra, según narra un documental.

En 2008 una organización sin ánimo de lucro propuso que Hashima fuera designada patrimonio por la Unesco. El gobierno surcoreano se opuso a la medida, diciendo que en las instalaciones mineras trabajaban de manera forzosa los empleados coreanos durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la oposición, se sumó a la lista de la Unesco. Allí murieron 1.500 presos chinos y coreanos.

Hashima permaneció clausurada hasta 2009. Ahora los turistas pueden visitarla. Los viajes en bote a la isla, que duran 50 minutos, parten desde Nagasaki. Varias empresas operan tours guiados. Suelen tardar unas tres horas, incluyendo una de estancia en la isla.

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