En la memoria colectiva quedaron impregnadas varias imágenes del descenso de Britney Spears.
En la memoria colectiva quedaron impregnadas varias imágenes del descenso de Britney Spears.
La escena donde una perturbada estrella se rapaba su cabello teñido de negro en 2007 es parte de la cultura popular. Recién salida de su divorcio, la ilusión de la princesa del pop se rompió definitivamente en mil pedazos, suplantándola por la de una joven necesitada de ayuda.
La siguiente fue meses después. Promocionando su disco Blackout se presentó en los MTV Video Music Awards y, como era de esperarse, su show causó en los televidentes una mezcla de vergüenza ajena y preocupación. Dificultosamente seguía los pasos de sus bailarines y con una mirada confundida movía los labios al ritmo de la música, dejando en claro que no estaba pronta para el escenario.
Pero Britney ya no es la joven bella e inocente que el mundo conoció en 1999. Pero ahora en 2012 tampoco es esa celebridad perdida de rehabilitación en rehabilitación, portada de tabloides y protagonista de los chismes más insidiosos.
Esta es una Britney que con 30 años ha resurgido incontables veces y ha logrado revitalizar su figura mediática de tal forma que todas esas imágenes del pasado son viejos recuerdos de una joven desbarrancada.
Britney madura
Este año la cantante supo vender su imagen renovada tanto en los medios como en internet.
Su cuenta en Twitter se ganó la simpatía de varios al comentar sobre la serpiente albina que la acompañó en su mítica presentación en MTV, o cuando le preguntó a la sonda Curiosity si Marte lucía como cuando ella la visitó en 2000, año en que lanzó su video Oops!... I Did It Again, en el que simulaba ser una habitante del planeta rojo.
Incluso se animó a hacer la coreografía de Gangnam Style junto al mismísimo Psy en el programa de Ellen Degeneres.
En setiembre fue su debut en la televisión como jurado del reality The X Factor, transmitido en Uruguay por el canal Sony. Con un sueldo de U$S 15 millones por este año, acompaña a Simon Cowell en la difícil tarea de elegir a la próxima estrella pop. Pero Britney frente a las cámaras es muy diferente a la Britney sobre el escenario. Y lo que podría haber sido un desastre televisado, es ahora un programa que lucha por el rating.
Aunque se pretenda mostrar la normalidad de la cantante, su gestualidad dice mucho más que sus líneas guionadas. Para la delicia de los televidentes, se nota demasiado cuando algo no le gusta, le aburre o directamente le aterra, sobre todo cuando ultra fanáticos suyos se suben al escenario.
Esta es otra Britney, incómoda ante las cámaras y, en especial, hacia los fans potencialmente peligrosos.
Sin embargo, las situaciones incómodas también pasaron fuera de las cámaras y en los juzgados.
Sam Lutfi fue un personaje extraño que acompañó a Britney durante la peor época de su descenso. Mientras sus padres afirman que fue responsable de su caída, Lutfi se autoproclamó su manager y amigo, y dijo que no hizo más que ayudarla.
La madre de Britney, Lynne Spears, en su libro Through the Storm: A Real Story of Fame and Family in a Tabloid World, describió a Lutfi como un manipulador que se aprovechó de la vulnerabilidad de la cantante y utilizaba drogas para controlarla y aislarla de su familia.
En 2009 Lutfi demandó a los Spears por difamación, además de reclamar el 15% de sus ganancias por las ventas del disco Blackout.
La semana pasada el juicio se llevó a cabo y, aunque el juez desestimó la demanda de Lutfi a los pocos días, dejó en evidencia algunos trapos sucios.
Allí, el padre de la artista, Jamie Spears, adjudicó la depresión de su hija a la mediática ruptura con Justin Timberlake en 2002 y durante 2007 hasta temió por su vida.
Lufti, por su parte, afirmó que la cantante era adicta a las anfetaminas y que para evitar que en su cabello quedaran restos de su consumo de drogas, decidió raparse. Al encontrarse en pleno juicio por la tenencia de sus dos hijos temía que ese factor resultara fundamental para que le fuese retirada la patria potestad.
Todo esto es sin dudas material para un libro. Y tal vez lo sea. Este fin de semana se anunció que Britney estaría en miras de firmar un contrato para escribir una novela junto a la editorial HarperCollins. De acuerdo con The Hollywood Reporter, el libro podría contener pasajes ficcionados de su vida.
Sin dudas, la versión que estaba faltando en esta historia de constantes altibajos es la que pueda aportar ella misma.