Las calles del centro se cortaron. Los bares de la peatonal que da contra la imponente iglesia de la Virgen María Bendecida o los de la rambla que está en la orilla opuesta al Rostov Arena, río Don mediante, se pintaron de celeste.
Una vez más, de todas partes llegaron los orientales. De Montevideo, Salto y Colonia. De Buenos Aires, Georgia y Madrid. Alentar a Uruguay es la única consigna.
El cemento hervía y no había manera de encontrar sombra. Los cortes obligaban a cruzar el puente (que une el centro de Rostov del Don con la zona de ingreso al estadio cruzando el río que da parte de su nombre a la ciudad) por la curva larga e ingresar por la explanada principal. Fueron 33 grados en la previa al partido de Uruguay y Arabia Saudita.
Banderas uruguayas al hombro, camisetas de Nacional, de Peñarol, de Central Español y de Rampla Juniors. Una bandera de Goes. Caras pintadas con el sol. Abuelos, padres y niños.
Pocos hinchas de Arabia Saudita, casi nada en comparación con los 10 mil egipcios que fueron a Ekaterimburgo el viernes pasado para hacer locales a los faraones en el debut de Uruguay.
El debut con goleada 5-0 ante Rusia les pegó fuerte a los árabes. Un grupo de cuatro levantó su bandera frente a la entrada principal, pero no se tenían mucha fe: "Creo que va a ser más parejo que el mal partido que jugamos con Rusia, más equilibrado, pero no se preocupen, va a ganar Uruguay", le dijo a Referí, en inglés, uno de ellos.
Los rusos siguen enloquecidos con los uruguayos. Les piden fotos. Dos hombres uruguayos de cara pintada y pelucas con rulos celestes dicen: "Desde que nos pintamos la cara no paran de pedirnos fotos, es gente muy amigable y servicial".
La previa, en las afueras del estadio, solo tuvo calor en el cemento. "Vamos a buscar un poco de sombra que nos morimos" le decía uno con la 9 de Suárez a su compañero.
Muchos prefirieron entrar directamente y otros quedarse a la sombra de un techo donde una hincha tocaba el bombo que lucía un escudo de Nacional.
La indumentaria más original la llevaban dos chicas. Inés de Salto y Cecilia de Montevideo, vestidas con túnica blanca y moña azul, de escuela pública: "Somos las alumnas del Maestro, es nuestro homenaje por todo lo que nos da", explicaron a Referí.
La mejor imagen para momentos de emoción la ofrecen los niños cuando gritan, se abrazan y expresan el costado más genuino que puede tener la felicidad en torno a un partido de fútbol. Y cuando el entrenador Óscar Tabárez reflexiona al respecto repasando la gloria perdida y el camino reencontrado para volver a estar a la par de la elite mundial. En un Mundial por tercera ocasión consecutiva. Y el contingente de uruguayos que está en Rusia lo celebra de esa manera, más allá de cual sea la suerte final de la celeste en el certamen.