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Su anunciado proyecto de sancionar los alertas meteorológicos que no estén avalados por el mando superior es una curiosa manera de insistir en el error en que incurrieron sus propios meteorólogos al callar la intensidad del temporal del 23, que dicho sea de paso, todavía no tiene nombre.

La ministra lo hace, además, para proteger a la opinión pública. Así lo dice la información. A su juicio es mejor un temporal huracanado que no se espera que uno que se espera en vano. Cabe preguntarse de qué otras informaciones nos va a proteger el gobierno, en un paternalismo que nadie pidió ni necesita.

Queda por ver qué definición hace el texto de ley que anunció el Poder Ejecutivo del meteorólogo con patente de alerta. Conozco pescadores que predicen mejor que el ente oficial, y corro a avisarles que dejen de mirar el horizonte, las mareas y el viento. Porque la ministra debe saber que esta gente, que literalmente vive porque sabe leer el pronóstico del tiempo en la naturaleza, en verdad confía en su experiencia y no en un organismo cuyo funcionamiento lo hace omitir dar información que, para peor, tiene. A ese organismo el gobierno quiere darle el monopolio de la opinión, para que tenga el monopolio del error, y de esa manera fortalezca las deficiencias del Estado. Me permito augurarle tiempos tormentosos al proyecto de la ministra.

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