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Los argentinos son muy sensibles al efecto de la muerte de figuras públicas. En muy poco tiempo, cuatro velorios durante la Presidencia de Cristina Kirchner, concitaron la participación de centenares de miles de personas: Mercedes Sosa, Raúl Alfonsín, Sandro y Néstor Kirchner. Dos figuras del espectáculo y dos de la política. El velorio de Alfonsín generó la candidatura presidencial de su hijo, impensable hasta entonces y el de Kirchner instaló como posible candidata a su mujer quien ejerce la Presidencia. Visto en esta perspectiva se trata de un fenómeno general y tiene que ver con la antropología argentina. En el caso de Kirchner, su influencia sobre el poder era inocultable y los últimos dos meses, mostraron que la Presidente sin su esposo, tiene un estilo propio, algo diferente a como ejercía el poder en los tres años anteriores. Es paradojal que eventualmente la elección presidencial de 2011 pudiera quedar entre dos candidatos, que son consecuencia de dos velorios, Ricardo Alfonsín y Cristina Kirchner. Pero en diez meses hasta la elección muchas cosas pueden cambiar. Pero que en Argentina la muerte hace revalorizar a las figuras es un hecho constatable y no sucede sólo en la política.

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