1 de mayo de 2026 5:00 hs

Uno de los estrenos destacados de Netflix en abril es la miniserie que cuenta la vida y la carrera del exfutbolista brasileño Ronaldinho. A lo largo de tres episodios, la serie relata su paso por el Barcelona, el Milan, la selección de Brasil y los distintos clubes de su país en los que dejó un legado de regates hipnóticos y golazos antológicos, pero también se toma su tiempo para pasar por sus relaciones familiares, su encarcelamiento en Paraguay y su vida nocturna, casi tan legendaria como sus jugadas.

La serie, aunque se encarga de retratar a uno de los futbolistas brasileños más influyentes y populares de la historia, en realidad tiene detrás a un equipo uruguayo. El director, productor y guionista Luis Ara encabezó a un plantel local con su productora Trailer Films que se encargó de buena parte del trabajo detrás de este proyecto.

En entrevista con El Observador, Ara defiende que este tipo de proyectos, aunque no sean historias locales, son también producción uruguaya y una forma de que la industria audiovisual criolla cruce fronteras.

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Sobre cómo fue contar la historia de Ronaldinho, el trabajo local en historias internacionales y la película en la que está trabajando sobre la selección uruguaya de 2010 y 2011, fue esta charla con el realizador.

Embed - Ronaldinho | Tráiler oficial | Netflix

¿Cómo terminan ustedes contando la vida de Ronaldinho?

El proyecto nace con una productora brasileña que se llama Canal Azul. Ellos tenían el contacto y el vínculo con Ronaldinho, y fueron quienes presentaron el proyecto a Netflix. Cuando empezó a avanzar y ya estaba bastante encaminado, me invitaron a ser parte. Primero me sumé como director y productor, y terminamos armando todo el esquema con el que Trailer Films se sumó como productora, así que básicamente fue una coproducción entre las dos empresas para Netflix.

¿Era una historia que tenías en el radar o llegó esta oportunidad y fue “dale, contémosla”?

Obvio que llegó y enseguida dije que sí, pero en 2022 yo había estado con Ronaldinho cuando hicimos una película que se llama Brasil 2002, los bastidores del Penta, él participa de esa película sobre el Mundial que ganaron ese año. A mí su historia me parecía apasionante y fascinante y siempre me había quedado con ganas pero no se había dado el momento adecuado. Así que cuando llegó la oportunidad con estos amigos de Brasil fue, bueno, todo llega cuando tiene que llegar.

¿Cómo fue el acceso a él, a su entorno? A veces los futbolistas son muy celosos de lo que muestran o cuentan.

Tuvimos acceso completo en cuanto a los lugares, a cómo la filmamos y a los temas a tocar. Ronaldinho es un tipo muy tímido, muy cauteloso con sus palabras, es extremadamente inteligente más allá de esa idea de alguien más infantil que uno puede tener por cómo juega o por su forma de ser. Entonces si bien teníamos acceso a todo, lo que tuvimos que trabajar mucho fue crear la confianza para que esa conversación se dé de manera cada vez más fluida y más abierta.

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Romperle el cascarón, digamos.

Hay un detalle muy particular de la serie, donde él se refiere a la muerte y plantea que todos queremos vivir mucho porque le tenemos miedo. Siento que logramos sacarlo del discurso tradicional, porque lo que te pasa con una serie de Ronaldinho es que te ves muy tentado a contar lo que todo el mundo espera que cuentes, que es la parte deportiva, el éxito, los dribles y todo eso, pero por otro lado también tenés la historia personal e íntima del tipo. El desafío más grande en esta serie era mostrar cómo es Ronaldinho fuera de todo ese lugar y yo creo que lo logramos porque logramos hablar de muchos temas que son muy íntimos. Hablamos de la muerte y de la muerte de sus padres, del nacimiento de su hijo, de cuando estuvo preso en Paraguay, de cómo es su vínculo con sus amigos y dónde le gusta vivir, por qué le gusta estar en Porto Alegre. Son pinceladas muy sutiles a lo largo de todo el hilo conductor, que eran las más difíciles de conseguir.

¿Fue un desafío balancear lo deportivo con lo personal?

Yo puedo contar que Ronaldinho salió campeón de la Champions, que ganó el Balón de Oro, que salió campeón del mundo. Ahora, hilarlo de una forma dramática es la parte más difícil, porque yo no tengo actores acá, yo tengo la historia. Todo el hilo que une su carrera deportiva tiene que ver con el trasfondo que hay detrás de los clubes, los pases, las negociaciones de su hermano, las decisiones empresariales. Para construir eso tenía que construir al personaje del hermano, a Assís, que al principio no sabes quién es, no entendés por qué ese tipo es el que toma todas esas decisiones. Es muy complejo poner todo eso en un mismo proyecto.

Assís termina siendo un coprotagonista de la serie.

En las series, por cómo se estructuran los episodios, en donde cada uno es casi que una película, termina siendo muy importante tener un “protagonista B”, ya sea un antagonista, el amor de su vida, el mejor amigo, o quien sea, pero tiene que haber un lado B que te haga un ping-pong en la historia, más allá de todos los personajes que ocasionalmente generan chispazos en momentos concretos de la historia. Un personaje que a lo largo de toda la historia te dé ese contrapunto es más difícil y ahí aparece Assís, que es un crack, un gran narrador y es un tipo fundamental en la historia. Si bien yo ya lo tenía mapeado la verdad que el día que lo conocí personalmente y le hice la primera entrevista, dije “listo, esto es fantástico”.

¿Cómo se encuentra el equilibrio entre lo que vos querés contar y cómo el protagonista quiere mostrarse o relatar su historia?

Cada vez que se cuenta un hecho crítico, tratamos de tener el punto de vista opuesto. En su etapa en el PSG está Luis Fernández, con el que tuvo problemas; en la del Barcelona aparece el presidente Joan Laporta, que es el que lo termina echando, cuando habla de su hijo aparece el hijo y cuenta su versión del vínculo con su padre, y todo así. Vos podés ver las imágenes de archivo, escuchar a Ronaldinho, pero también a los otros personajes involucrados y leer entre líneas para interpretar o elaborar tu visión de lo que pasó. No es un lavado de imagen.

Venís trabajando bastante en Brasil, además de esta serie estuviste detrás de los documentales sobre los campeonatos mundiales de la selección de ese país en 2002 y 1994, que se estrena en Netflix el 7 de mayo.

Todo viene de cuando en 2018 hicimos Por siempre Chape, que fue el puntapié del vínculo con Brasil. En el mundo del cine, y más siendo uruguayo, tenés un problema enorme y es que estás en un mercado que no es mercado. Entonces que te identifiquen como uruguayo no siempre es una ventaja, a veces es al revés, porque capaz para contar una historia en Colombia quieren que venga un director colombiano. Entonces romper esa barrera, y que a vos te consideren en cualquier mercado, y te respeten en cualquier mercado para mí es de los logros más importantes de mi carrera, y que creo que también marca un camino para la industria local. Vos tenés a directores como Fede Álvarez en Hollywood, o directores que triunfan en España, pero es como lo que pasa con Jorge Drexler, que logró salir del cascarón pero para eso se tuvo que ir a vivir afuera. Yo siempre traté de quedarme acá, de tener mi productora basada acá, pero construir la industria local.

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¿Aunque no sean historias locales, uruguayas, también es producción uruguaya?

Lo son, porque la producción es uruguaya, la inversión viene para Uruguay, el director, el productor, el guionista, los editores son uruguayos en el caso de Tetra, ahí también las posproducciones son uruguayas. Obviamente hay sinergia con los territorios donde vos te desenvolvés, pero somos nosotros trabajando desde acá para Latinoamérica.

¿Cuesta concebir esos proyectos como uruguayos?

Ronaldinho es la producción hecha en Uruguay más grande del año, y si entrás a las redes de la Acau (Agencia del Cine y el Audiovisual Uruguayo) no hay nada sobre la serie. No es un servicio de producción, es una producción uruguaya, con la inversión más grande que hay, y nadie lo menciona porque no se percibe así. El uruguayo lamentablemente es así. Y este es un proyecto que en Brasil en los primeros diez días desde su estreno tuvo 9 millones de visualizaciones, que son como 20 millones de personas. Siento que tengo un rol para cumplir en la industria local. La industria audiovisual es un aparato muy complejo en el que hay muchas verticales de negocios, están los servicios de producción, están las producciones originales independientes, y toda la creatividad local, que a su vez se divide entre ficción, documental. Y que nosotros con la productora podamos tener tres o cuatro proyectos al año, que lleguen a millones de personas a través de las plataformas, es un disparate, y no sé si se tiene tan en cuenta.

Llegar a las plataformas de streaming internacionales tampoco es tan habitual para las producciones uruguayas.

Pasa que entrás en una lógica de mercado que es muy compleja. Tampoco ves en las plataformas producciones de Angola o de Serbia. Hay una cuestión que viene del cine, de la era analógica, de las salas, que es que una producción para desquitar su inversión, para ser viable, tiene que ser capaz de recuperarla en su propio mercado, y después de ahí puede escalar al mundo o no. Con las plataformas pasa lo mismo, o al menos esa es mi lectura, que apuntan a desarrollar proyectos locales, que sean relevantes para ese mercado, y eventualmente llamen la atención del resto del mundo. Desde Uruguay hacer eso es muy difícil, entonces yo creo que hay que ir un paso hacia atrás en los eslabones de producción y de la industria y tratar de ver cómo hacer para fomentar que surjan esos proyectos. Es como en el fútbol, vos tuviste a Suárez como el 9 del Barcelona durante cinco años, en su prime. Si querés generar un círculo virtuoso tenés que ir al baby fútbol y tratar de entender como nacen los cracks, cómo los identificas, cómo los alimentas, cuidas y proteges para que lleguen al profesionalismo y pasen a Europa. Esto es lo mismo, si no detectás talento, si no invertís en los más jóvenes, es complicado. Yo tengo 46 años y me quedan muchos por delante en la realización, pero tenés que estar mirando al de 20, 21 años. ¿Cuál es el próximo talento? Porque ahí es donde vas a encontrar al 9 del Barcelona, y en Uruguay eso está súper lejos, no hay foco en eso.

¿Estás trabajando en un documental de la selección de 2010 y 2011?

Es un proyectazo divino, que ya está terminado. Queríamos estrenarla antes del Mundial, pero por un tema administrativo, de derechos que todavía se están negociando y en lo que nos están ayudando los jugadores y la AUF, no se va a estrenar. Son inversiones muy grandes para un proyecto uruguayo, entonces no quería estrenarlo a lo loco. Se va a estrenar en cines después del Mundial, porque es una historia atemporal que tiene todo para funcionar. Lo único que nos puede dejar de lado es que Uruguay salga campeón del mundo, pero si sucede eso, bienvenido sea (risas).

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