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Si se miran las estadísticas del sector agropecuario uruguayo en los últimos años se puede comprobar que la producción no para de crecer. El impulso, en este caso, lo da el aumento de la productividad en muchos rubros, además de los altos precios de las materias primas en los mercados externos.

Un ejemplo claro lo ofrece la lechería, que ha duplicado su producción en los últimos cinco años sin incrementar la superficie y las vacas en ordeñe, y con un número menor de tamberos.

Sin embargo, hace ya tiempo que se habla en las jornadas de campo y en las charlas organizadas por instituciones técnicas y gremiales, que el campo uruguayo puso el freno de mano, se ha estancado y ha llegado la hora de poner las barbas en remojo de un ciclo de crecimiento inédito.

Los que así opinan ven que no se invierte como años atrás, observan una caída de la competitividad, en especial por el precio del dólar, y sienten que los costos son una soga puesta al cuello de los productores. Los lectores podrán sacar sus conclusiones leyendo dos visiones: una del vicepresidente de la Federación Rural, Carlos María Uriarte, y otra del director de Blasina y Asociados, Eduardo Blasina.

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