ver más

En época de crisis global, de recesiones internacionales, la tendencia a un comercio unido, más extendido y con mayor peso económico aún seduce y se presenta como una gran alternativa tanto para los pesos pesados mundiales como para las naciones emergentes, donde el Mercosur parece observar todo esto a distancia.

Las luchas entre los colosos no se pierden, pero esto es economía. Ahí se observa el avance de las negociaciones en el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), que integra a 13 países en ambas costas del Pacífico y en el que figuran Estados Unidos, Japón, Chile, Perú, Australia y Nueva Zelanda. De alcanzar un consenso, se convertiría en una de las zonas de libre comercio más grande del mundo. China no está, pero los chinos avanzan a pasos agigantados en los mercados del mundo, con pactos regionales, acuerdos con Europa y EEUU, y tratados comerciales con Costa Rica, Chile y Perú en América Latina. El intercambio comercial con las naciones latinoamericanas y del Caribe supera los US$ 9.500 millones anuales.

Además, en Asia desde 2010 existe un área de libre comercio que alcanza a 1.900 millones de personas, con unos intercambios comerciales valorados en US$ 192.500 millones. Se trata de un pacto entre China y los 10 países –entre ellos Singapur y Filipinas– de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), cuyo PIB conjunto ronda los US$ 6 billones. El empuje chino llevó a concretar en abril su primer acuerdo de libre comercio con un país europeo, Islandia, y en julio con un segundo, Suiza, que no integra la UE.

La otra potencia asiática y mundial, Japón, empantanada en un círculo vicioso de deflación, apunta al TPP y a alcanzar acuerdos de libre comercio con la UE y EEUU en el corto plazo como estrategia para superar una larga recesión.

Si de grandes zonas de libre comercio se trata, Estados Unidos y la UE están abocados a ello. El mes pasado la primera potencia mundial y su principal socio comercial empezaron a delinear un gran TLC.

Las primeras conversaciones que se realizaron en Washington dejaron traslucir, algunas divergencias, en particular, desde el punto de vista agrícola.

Pero sea como fuere, los beneficios económicos de un pacto de estos están a la vista. Con él, los estadounidenses podrían reducir su déficit comercial. En 2012 importaron US$ 380.800 millones de bienes provenientes de Europa y exportaron mucho menos, US$ 265.100 millones, a ese destino.

Para la UE, que cuenta con 28 países –de ellos, 17 utilizan el euro como moneda–, lo que está en juego es todavía más importante al presentársele una posibilidad de combatir la recesión que golpea a la zona euro desde hace 18 meses. El comercio bilateral el año pasado alcanzó el billón de dólares. Según el Centro para Investigación de Política Económica en Londres, el vínculo comercial que se conocerá como Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI), podría agregar US$ 153.000 millones al PIB europeo y US$ 122.000 millones al de EEUU. Los dos partes reúnen 820 millones de habitantes.

Los efectos de un acuerdo de este tipo, bien podría derramarse sobre los países con los que cada cual mantiene alianzas, según analistas. La UE tiene acuerdos de libre comercio con México, Colombia, Chile, Perú y los países de Centroamérica, y además está negociando otro con Canadá. EEUU, en tanto, está suscrito al Nafta, la alianza de libre comercio que sostiene con los canadienses y México.

Mientras tanto, acaban de entrar en vigencia, el 1° de agosto, los tratados de libre comercio de la UE con Perú y Colombia. Para los dos países se les abre el acceso a 500 millones de consumidores, y a la UE un nuevo terreno para colocar sus autos y bienes de lujo y la posibilidad de expandir la economía en 1,3% anual.

Colombia se encuentra abocado a ampliar sus acuerdos bilaterales a gran escala: ya cuenta con tratados de libre comercio con EEUU, Canadá, Suiza, Chile, México, Perú y Venezuela. Está cerca de concretar uno con Costa Rica y con Corea del Sur, mientras negocia con Japón, Turquía e Israel, además de manifestar la intención de acordar uno con China y otro con Australia.

Esta multiplicación de TLC por parte de Bogotá, ya lo ha llevado adelante Chile desde hace casi dos décadas y, por lo visto, le funciona bastante bien. Chile mantiene un tratado de libre comercio con EEUU desde 2004; desde entonces el comercio bilateral se multiplicó por tres hasta llegar a los US$ 27.000 millones. El país trasandino también firmó acuerdos del estilo con más de 60 países, incluyendo a China y Corea del Sur. El primero de ellos se concretó en 1994, con Canadá.

Chile, que avanza ahora en las negociaciones del TPP, forma parte desde 2012 de la Alianza del Pacífico, un proyecto de integración comercial aún en formación que también integran Perú y México –negociadores del TPP– y Colombia, los países con las economías más abiertas de América Latina y que ya tienen acuerdos de libre comercio entre sí para el 90% de sus mercancías.

La Alianza del Pacífico ha suscitado interés de 16 países, entre ellos Francia o España, que tienen estatuto de observadores y otros como Costa Rica han iniciado el proceso de integración y Panamá quiere hacerlo en breve. Por el contrario, esta alianza ha tenido el rechazo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que integran Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, por tratarse de un bloque “neoliberal”.
Seguí leyendo