De transición a adición energética: ¿por qué se sigue buscando petróleo en Uruguay?
El cambio energético en el mundo es más lento y complejo de lo previsto y no hay reemplazo inmediato, por lo que fósiles y renovables convivirán por varias décadas
Se prevé que antes de fin de año la compañía Apa Corporation podría realizar un nuevo pozo exploratorio de hidrocarburos en aguas profundas de Uruguay, el primero desde 2016. En paralelo, otro grupo de empresas —como Chevron, Shell y YPF— avanza en distintos bloques de la plataforma marítima con trabajos de sísmica.
Esto ocurre en un contexto de creciente interés exploratorio en la región, impulsado por similitudes geológicas con zonas como Namibia, donde en los últimos años se registraron descubrimientos relevantes para la industria. En ese contexto, aparece una pregunta que atraviesa el debate energético: ¿por qué seguir buscando petróleo?
La respuesta parte de una comprobación básica: el mundo sigue dependiendo de los combustibles fósiles. El carbón, el gas natural y el petróleo explican todavía más del 80% de la matriz energética global, en un escenario donde la transición hacia fuentes más limpias avanza, pero de forma más lenta y compleja de lo previsto.
Más que una sustitución lineal, lo que se observa según plantea el gerente de Transición Energética de Ancap, Santiago Ferro, es un proceso de “adición energética”. Es decir, las nuevas fuentes se suman a las existentes y estas no desaparecen en términos absolutos.
La demanda global de energía sigue creciendo, impulsada por el aumento de la población y por la actividad económica. Con una población proyectada hacia los 10.000 millones de personas, la presión sobre el consumo energético continuará en aumento.
Incluso en los escenarios más ambiciosos de descarbonización, organismos internacionales prevén que en 2050 el petróleo, el gas natural e incluso el carbón seguirán teniendo presencia. “Por unas cuantas décadas más hay que apuntar a todas las formas de energía”, resumió Ferro durante un taller con periodistas del que participó El Observador.
Sin título
El fenómeno no es nuevo. Ninguna fuente de energía ha dejado de consumirse en términos absolutos: el carbón, dominante en el siglo XIX, hoy se usa más que entonces, aunque perdió peso relativo. Algo similar ocurre con el petróleo, que podría reducir su participación en la matriz, pero difícilmente caiga en volumen en el corto plazo.
A esto se suma un factor clave: la seguridad energética. En un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas, la diversificación de fuentes y el acceso a recursos propios vuelven a ocupar un lugar central en las estrategias de los países.
Por otro lado, el crecimiento de las energías renovables es innegable, pero todavía insuficiente para cubrir toda la demanda global. Hoy representan una parte relativamente menor del consumo total de energía, aunque tienen un peso mayor en la generación eléctrica. En los últimos años se registraron récords simultáneos tanto en renovables como en consumo de combustibles fósiles, lo que refuerza la idea de que todas las fuentes siguen creciendo al mismo tiempo.
Además, la expansión de tecnologías como la eólica y la solar implica una fuerte demanda de minerales y materiales, lo que introduce nuevos desafíos y limita la idea de una solución única, según Ferro.
En ese escenario, hay sectores como la industria pesada, el transporte marítimo o la aviación donde la electrificación es más difícil, y donde los combustibles líquidos seguirán siendo necesarios, al menos en el mediano plazo.
De fondo, aparece otro argumento: aun si la demanda futura fuera menor en términos relativos, los yacimientos actualmente en producción no alcanzan para cubrirla. “Con lo que hoy está descubierto no se satisface la demanda futura”, dijo Ferro, lo que abre espacio para nuevas exploraciones.
Sin título.
Fuente: Ancap
¿Y qué pasa en Uruguay?
El caso uruguayo refleja, en escala, la misma lógica. Según explicó el funcionario de Ancap, el país tiene una matriz eléctrica casi totalmente renovable, pero la electricidad representa apenas cerca de una quinta parte del consumo energético total. El resto depende en gran medida del petróleo importado.
En las últimas décadas, incluso con el avance de las renovables, el consumo de combustibles fósiles no ha bajado en términos absolutos. Esto tiene un impacto directo en la economía: el petróleo es el principal producto de importación, con un costo que puede oscilar entre US$ 1.000 y US$ 1.500 millones anuales, según el precio internacional.
En ese contexto, se remarcó que la exploración de hidrocarburos en el país responde a otra lógica, y no supone un cambio en la política energética, sino que mientras la matriz eléctrica avanza hacia la descarbonización, el resto del consumo energético —en particular el transporte— sigue dependiendo de los combustibles fósiles.
La eventual producción local de petróleo no busca reemplazar las renovables, sino cambiar el origen de un consumo que, al menos durante las próximas décadas, seguirá existiendo.
Así, la exploración offshore en Uruguay se inserta en una lógica más amplia: la de un mundo que no abandona rápidamente los combustibles fósiles, sino que transita un cambio más lento, complejo y superpuesto, donde distintas fuentes de energía conviven durante varias décadas.