El 12 de abril de 2004, Fiorella Buzeta tuvo que ser asistida de urgencia en el liceo 13 de Maroñas luego de que un compañero le disparara en la espalda con un arma de fuego. El hecho la dejó confinada a una silla de ruedas y marcó aun más la imagen del liceo, que ya se encontraba estigmatizado por los bajos logros en el aprendizaje y por el perfil del alumnado, caracterizado por pertenecer a hogares de escasos recursos.
El liceo 13 convertido en la casa del terror del barrio
La estigmatización dentro del sistema educativo. En un turno en el que debería haber 600 alumnos van poco más de 100.