El más tupa de los tupamaros
Amodio Pérez continúa pensando y actuando como sus antiguos compañeros
Al final, resulta que Héctor Amodio Pérez se comporta y piensa como el más tupa de los tupamaros. Eso sí, la mayoría de las veces lo hace desde la zona más oscura de aquel movimiento que intentó tomar el poder por la vía de las armas hace ya más de cuarenta años.
Amodio Pérez sigue moviéndose como un clandestino, reivindica los asesinatos cometidos por los excompañeros que hoy lo repudian, sigue pensando que la violencia es una manera de llegar al gobierno y cree que votar no es una cosa imprescindible en la vida de los pueblos. En España, en donde reside desde que los militares le dieron un salvoconducto después de que les “ordenara los papeles”, tiene un nombre falso con el que trabaja y cobra una jubilación que le otorga el Estado.
Cuando el periodista que lo entrevistó llegó al aeropuerto de Barajas, Amodio lo hizo dar varias vueltas para comprobar que nadie lo estaba siguiendo. Aunque dice no tener miedo, esos cuidados demuestran que le sigue escapando al pasado.
El exguerrillero Marcelo Estefanell, quien recibió una de las cartas que Amodio envió en los últimos meses a Montevideo, observa que, en muchas cosas, su excompañero sigue inmerso en el clima de la década del 70.
“Él está acostumbrado y sigue jugando con el misterio. Yo creo que nunca pasó a la legalidad. Nosotros estuvimos presos, salimos en 1985, aceptamos las reglas de juego de la democracia, nos incorporamos a la vida política legal y todo eso nos obligó a blanquear y vivir como cualquier uruguayo. Él en cambio optó por negociar, se fue a un país con un nombre trucho, sigue teniendo su nombre trucho y se vio obligado por las circunstancias a vivir clandestino”, declaró Estefanell. “Sigue teniendo los tics que genera la vida clandestina, la vida escondida o la doble vida; se nota en cómo cuenta las cosas, en las entrelíneas y en las cosas que pone”, agregó.
En la entrevista con El Observador, Amodio Pérez no dudó en reivindicar las ejecuciones sumarias de la guerrilla tupamara. La del maestro de torturadores Dan Mitrione, pero también la del peón rural Pascasio Báez.
En el caso del asesinato de Roque Arteche –un preso común reclutado por el MLN que cometió la imprudencia de robarle a los que le dieron cobijo– Amodio señaló que “eso se inscribe en el código de conducta no escrito pero que estaba aceptado en el MLN. Hoy todo el mundo está dispuesto a aceptar que fue un crimen (...) pero cuando se ejecuta a Arteche nadie lo considera un error, nadie dijo nos equivocamos. Ni siquiera los que hoy se ponen de abanderados como Zabalza”. Jorge Zabalza dijo que el asesinato de Arteche fue un “crimen de lesa humanidad”.
En cuanto a la lucha armada, Amodio Pérez sigue pensando que sólo ella es “capaz de cohesionar” al “pueblo” para lograr cambios profundos en la sociedad.
En esa postura no está tan lejos de muchos de sus excompañeros quienes sostienen que, si se dan las mismas circunstancias que hace cuarenta años, no dudarían en volver a calzarse “los fierros”.
Acerca del sistema de democracia representativa, Amodio tiene los mismos reparos que históricamente tuvo el MLN. “Depende de lo que se considere democracia. Si votar cada cuatro años y después el resto del tiempo el pueblo no participa...(Votar) es un requisito, no creo que sea imprescindible”, estimó.
Ante la pregunta de si se sigue considerando de izquierda, respondió sin dudars: “Sí, claro”.
Es decir, Amodio es lo que fueron los tupamaros. Y, se sabe, el espejo muchas veces resulta ser una molestia. l